APUNTES
SOBRE LA PRESENCIA DE TURISTAS EN LA CIUDAD DEL CUZCO (1920 - 1993)
Por:
HUGO BENNY ELGUERA MANSILLA
La ciudad del Cusco
históricamente está en el centro de atención de la humanidad y es una de las
más visitadas por viajeros del país y de todo el mundo, también es la más
antigua ciudad viviente de América (Angles 1988: 18). Después de la
independencia una serie de viajeros reinicia la configuración del Cusco como
lugar simbólico dentro de las recientes fundaciones republicanas de América
Latina (Lenci 2004: 165). Luis E. Valcárcel en sus memorias señala que a partir
de 1912 puede hablarse de grupos de viajeros que se sumaban a la vida cotidiana
cusqueña (Matos 1981: 43). Dicho
esto, vemos que la ciudad del Cusco fue visitada constantemente por viajeros,
exploradores, peregrinos y comerciantes. Más aún con la llegada del ferrocarril
en 1908 y la afluencia de capitales que crean industrias y comercio de
intercambio (Correa y Samanez 1977: 16), Valcárcel dice, desde que
se tendió la vía férrea aumentó el número de viajeros, particularmente de
hombres de negocios o comerciantes (J. Matos 1981: 43), claro que estos
personajes no cuentan propiamente como turistas, pero muchos de ellos eran
extranjeros.
Desde ese entonces la presencia de mucha gente extraña al medio, fue constante.
La
presencia de turistas en la ciudad del Cusco refiere a la década de los años
veinte del siglo pasado, el atractivo generado por los monumentos
arqueológicos, iniciado con la difusión de las características de la ciudadela
de Machupicchu desde la segunda década del presente siglo, comenzó a delinear
la fisonomía turística de la ciudad y producir las primeras alteraciones en su
estructura (Correa y Samanez 1977: 17), así como las primeras guías de turismo
publicadas en la época, impresas en 1921 con el título de El Cusco y sus Monumentos. Guía del Viajero, de Rosario Zárate,
otra fuente es la Guía Comercial,
Profesional e Industrial del Cuzco, impresa en 1928, en la que propaga
avisos comerciales como por ejemplo, “El Gran Hotel Colón”, también muchos
intelectuales de la década de los veinte realizaron trabajos referidos a los
aspectos monumentales del Cusco, en la que resalta José Gabriel Cosio y su
libro El Cusco Histórico y Monumental,
publicado en 1924 donde señala que le servirá al viajero en el fácil
conocimiento de la ciudad del Cuzco (Flores 1994: 209-210), así como la Guía Histórico-Artística del Cuzco de
José Uriel García publicada en 1925 con indicaciones y sugerencias para que el
turista, visite los atractivos de la ciudad (Flores 1996: 10), vale reconocer
en esta década que las primeras posibilidades del turismo como actividad
económica fueron anunciadas por Alberto Giesecke (Villegas y Estrada 1990: 46),
con lo que contribuyó de manera significativa a que el Cuzco tome como el
imaginario nacional e internacional (Mendoza 2006: 96), también Uriel García y
Humberto Vidal Unda dedicaron muchos de sus esfuerzos a convertir al Cuzco en
centro nacional y mundial del turismo, al mismo tiempo promovieron prácticas
culturales consideradas folclóricas (Mendoza 2006: 90), en esta misma los
funcionarios del gobierno organizaron una filial de la Corporación Nacional de
Turismo, con la esperanza de desarrollar el potencial turístico del Cusco (De
La Cadena 2004: 160). Estos son los personajes y acontecimientos más
renombrados que establecieron las huellas respecto al fenómeno del turismo en
las primeras décadas del siglo pasado.
En
las décadas de 1930 y 1940, los cuzqueños continuaron construyendo el camino
para que el Cuzco se convirtiera en un centro de interés turístico nacional y
especialmente extranjero (Mendoza 2006: 94), décadas en la que se difunde el
ideario del turismo, por lo que en 1944 Vidal Unda introduce un proyecto
turístico, en el que comprendió a la tradición, pensando en que el turismo
sería algo así como la palanca de las estructuras feudales (Calvo 1999:
193-194), en el mismo año se inaugura el “Hotel Cusco”, más conocido como el
“Hotel de Turistas” (Flores 2006: 35), también en 1940 se remplaza la
Corporación Nacional de Turismo por otra institución conocida como Touring
Automóvil Club del Perú, creada especialmente para promover el turismo (De La
Cadena 2004: 160). Claro está que en esta
época el desarrollo del turismo fue insipiente, por una sencilla razón, no le
dieron la debida atención por no tener la orientación adecuada, es así, que
solo a partir de las siguientes décadas se incentiva el aprovechamiento del
turismo con mucha importancia.
Las
referencias de la verdadera concurrencia de turistas a la ciudad del Cusco
apuntan a la década del cincuenta, época en la que se suscita un acontecimiento
que arremetió a toda la población cusqueña conocido como “el terremoto del
cincuenta”, fenómeno geológico que provocó los cambios no sólo en la estructura
arquitectónica de la ciudad, sino también en el aspecto sociocultural de los
pobladores, dicho fenómeno natural encierra en sus réplicas la sacudida social,
el despertar definitivo de un pueblo adormecido, la verdadera modernización
(Tamayo 1978: 184-185). Después de este acontecimiento surge una serie de
cambios en todos los aspectos señalados y sobre todo repercute en el campo del
turismo.
En este contexto pedimos
hacer una digresión, para señalar que a estos acontecimientos se suma un
detalle no muy percibido pero que fue muy importante para el beneficio turístico
del Cuzco, lo cual es el rodaje de la película “El secreto de los incas”
realizada en el año de 1954, teniendo como protagonista a Charlton Heston. Este
filme fue dirigido por Jerry Hopper donde muestra a un Cusco antiguo, pero
siempre espectacular. La Plaza de Armas, la Catedral, el Museo Inca, el Hotel
Cusco, son escenarios del rodaje que concluye en Machupicchu (Salcedo 2012). Lo
que se quiere rescatar de este film es justo lo que refiere Salcedo, ver a un
Cuzco milenario, mágico y misterioso con bellos parajes que invita y seduce a
propios y extraños a conocerla, además, nos atrevemos a decir que desde ya muestra
la acogida a extranjeros y/o turistas. Este film al ser una producción de una
de las empresas más prestigiosas de Hollywood la que es “La Metro Goldwyn Mayer”
(MGM) fue expuesta a nivel internacional, promoviendo de manera inconsciente
los atractivos turísticos del Cusco.
Retornado al contexto, la década
de los cincuenta es crucial para el desarrollo turístico en la que se prestan
servicios especiales y se prepara información adecuada para los visitantes, la
evolución del flujo turístico al Cuzco se puede apreciar a partir de 1954, año
en la que arribaron a la ciudad 6903 visitantes, de los que 40311 fueron
extranjeros y 2692 nacionales (Flores 1996: 10), una característica importante
del turismo, en tanto actividad comercial, es el hecho de que abrió un espacio
en el que podían participar los cusqueños de todos los grupos sociales. Al
comienzo del auge, los propietarios de las viejas casas que sobrevivieron al
sismo sacaron ventaja de la fiebre por la construcción y transformaron sus
mansiones en hoteles. De manera similar, los dueños de algunas chicherías y
picanterías, remozaron sus paredes y se comprometieron a operar a estándares de
la nueva clientela (De La Cadena 2004: 204), estas acciones fueron el principio
del cambio social e infraestructura de la ciudad del Cusco.
Para
la década del sesenta, Valcárcel en sus memorias señala que sólo a
partir de la década de 1960 el turismo invade el Cusco con la propaganda que se
hizo en el exterior de las ruinas de Machu Picchu. A partir de entonces la
afluencia de visitantes ha ido creciendo inconteniblemente, hasta alcanzar los límites
actuales (Matos 1981: 43). En el año de 1963 el flujo de turistas se había
incrementado a 35 767 (Flores
1996: 10). Esta década fue el inicio del afloramiento de turistas al Cusco, por
lo que, en el año de 1965, el estado fomentó el turismo con el inicio del plan
COPESCO, por cuyo intermedio financió la construcción de carreteas, implementó
mejoras en el sistema eléctrico y ejecutó restauraciones arqueológicas (Chion
2009: 119). Estas acciones marcaron de manera definitiva el interés de la
ciudad del Cuzco como potencial turístico.
A
principios de la década de 1970, el turismo se convirtió en una de las más
importantes esperanzas para el desarrollo económico del Perú. Hasta la década
anterior, el sector había demostrado un lento progreso. Durante la segunda
mitad de la década de 1960 este proceso se aceleró (Gascón 2005: 51), de la
misma manera Tamayo anuncia que a partir del inicio de la década del 70, Cuzco se ha
transformado en una ciudad cosmopolita, donde extranjeros de todas las comarcas
se mezclan con la población nativa. Donde estuvieron las casas de los señores
tradicionales han surgido como por encanto decenas de hoteles, hostales y
restaurantes. Todo el centro urbano del Cuzco de hoy, vive para y del turismo
(Tamayo, 1078: 294), dentro de este proceso de crecimiento del turismo también
se va segmentando dicho mercado, es así que en esta década se logró una
creciente difusión, involucrando directamente a sectores sociales cada vez más
amplios, cierta clase de turismo receptivo, al que se le concede las
denominaciones de Turismo Místico o turismo Esotérico (Pilares 1992: 7). Es un hecho
de que el turismo en esta década tuvo su mayor auge, difusión e inclusive se
emprendía su segmentación, este apogeo duró hasta inicios la década de los
ochenta.
La
década de los ochenta fue el debacle del turismo en el Perú porque se
caracteriza por sucesos de violencia interna y la famosa recesión económica
internacional, aunque este último es un elemento que hay que tener en cuenta,
dice Gascón, el factor más importante fue el comienzo de la actividad
guerrillera de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, en
la que en 1983 la afluencia turística llegó a los niveles del año 1977 (Gascón
2005: 51), claro está que en ésta década el número de visitantes disminuyó,
hasta la década de los noventa, el turismo receptivo en Cusco ha seguido los ciclos
económicos nacionales y el comportamiento del turismo a nivel nacional. Por un
lado, ha tenido el perfil del largo plazo que el turismo receptivo nacional; es
decir, crecimiento significativo entre 1976-1980, estancamiento y retroceso
entre 1981-1993 y recuperación sostenida a partir de 1993. Por el otro, la
crisis del sector entre 1989-1992 ha sido la más sentida en el Cusco; se hizo
evidente en la vida nocturna cusqueña, con “calles normales” en torno al centro
histórico, realidad que hoy es absolutamente diferente y muestra la
recuperación del turismo (Mosqueira 1996: 35-36). A pesar de los aspectos
negativos de la década del ochenta, en el año de 1983 fue declarada la ciudad
del Cusco como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Chion 2009: 121). Lo que permitió
su continua preferencia como destino turístico.
Durante
la década de los noventa la afluencia de turistas a la ciudad imperial del
Cusco es constante, de manera que no sólo repercute en la zona urbana, sino
también, en la zona rural aperturando el mercado a las comunidades andinas,
razón por la cual en la actualidad se ofrecen distintos paquetes turísticos
conocidos como el “turismo de aventura” en la que resalta el camino inca,
“Machupicchu”, “City Tour”, “Valle Sagrado”, y el boom del “turismo vivencial”, el cual motiva a los comuneros
andinos a poder adecuar sus viviendas para poder albergar a turistas que
prefieran dicho rubro. Este fenómeno se puede apreciar en muchas comunidades
campesinas de la Región Cusco, pero las comunidades aledañas al Valle Sagrado
son las pioneras en realizar este tipo de actividad, un ejemplo claro son las
comunidades de Ollantaytambo, en la cuenca del río Patacancha. Se puede notar
que desde los años noventa la presencia de turistas es continua.
Debemos
tomar en cuenta que el turismo en la actualidad tiene un complejo sistema de
operaciones financieras, sociales y culturales, por lo que constituye una
compleja red relaciones sociales y financieras, donde interaccionan una serie
de individuos e instituciones, por esta razón debe ser planificado, para poder
evitar el deterioro de la Cultura Material e Inmaterial.
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