domingo, 30 de mayo de 2021

 “Todo va a estar bien.

Todo va a salir bien.

Todo va a estar a mi favor.

Todo lo voy a hacer bien.

Todo yo voy a estar bien”.

                            (Wayrachaky)

jueves, 31 de octubre de 2019


El joven enamorado y la cabeza voladora

Por: HUGO BENNY ELGUERA MANSILLA

Había una vez un joven llamado José que vivía en una región ubicada en las fronteras de la sierra y la ceja de selva, pertenecía a una familia de clase media, con 24 años de edad, era buen mozo y trabajador, esto les enorgullecía a sus padres que eran ancianos, pero también se sentían tristes al verlo solo sin una compañera que lo apoyara.

Un día los ancianos padres le habían dicho a José que fuera a vivir al pueblo para que pudiera conocer a una joven con la que pudiera comprometerse y tener una familia. Este no quería dejar a sus padres solos, y a regañadientes aceptó, tomó sus cosas y su dinero ahorrado y se fue rumbo al pueblo.

Instalado en un cuarto se propuso buscar trabajo, durante la semana encontró un puesto de ayudante en una de las tiendas más grandes del pueblo, allí conoció a mucha gente y era muy querido por los dueños, ya que era muy amable y honrado, también por ello era apreciado por los clientes.

Pasado un mes, entró en la tienda una joven con una apariencia muy humilde, llevaba un vestido gris algo usado, un sombrero junto a un velo que le cubría el rostro. Por azares del destino, ese día el sombrero junto al velo quedaron enganchados en un garfio que colgaba del tumbadillo, descubriéndola y dejando ver su rostro. A lo que el muchacho quedó cautivado por la belleza de la joven, tenía unos ojos negros, nariz pequeña, rostro ligeramente alargado, cabellos largos y negros, su piel tersa y trigueña. La joven rápidamente trató de recuperar su sombrero y velo; pero ya era tarde, José logró verla, porque al tratar de recuperarlos con prisa los desgarró quedando rotas para no usarlas. Entonces, rompió en llanto a lo que José presto y caballeroso la consoló, y sin dudas le ofreció como obsequio un sombrero y velo nuevos. Ella se sonrojó y con dudas aceptó, en breve la joven se los puso. Comprando todo lo que necesitó rápidamente se fue sin dar explicaciones y sin darle tiempo de preguntar por su nombre.

José quedó impresionado por la belleza de la joven y a primera vista se enamoró, inquieto por verla otra vez estuvo indagando con algunos clientes que se hicieron amigos suyos y otra gente del pueblo que pudieran darle pistas de su paradero. Muchos decían que ella siempre llegaba al pueblo vestida así, nadie le podía ver el rostro y que vivía con su abuela en la parte muy alejada del pueblo en una montaña del valle menos concurrido por la gente, además que tenían fama de ser extrañas y que practicaban brujería, le comentaron cosas extrañas sobre las dos mujeres y uno de ellos fue que de los brujos sus cabezas vuelan por las noches, cuando te ven se pegan en el cuello o el hombro, le advirtieron que se olvidara del asunto. Pero el joven enamorado no creía nada de lo que le decían, sin más que decir, pasando dos semanas de lo sucedido pidió permiso de los dueños de la tienda, cogiendo una alforja con provisiones y algunos regalos partió rumbo al lugar indicado.

Tras varios días de camino y búsqueda divisó una cabaña muy tétrica, con troncos rollizos roídos por el paso del tiempo y las termitas, con un techo de paja por la que entraban goteras, temerario se acercó, en ese momento divisó a la bella joven, quien estaba con un delantal muy sucio y un recipiente que contenía granos para las aves de corral. Los ladridos de un chucho la alertaron que alguien se acercaba, al mirar al frente reconoció a José que se acercaba rápidamente, a lo que ella le dijo: ¡qué haces aquí!, ¡tú no puedes estar aquí!, ¡regresa por donde viniste!

Sin hacer caso de las palabras de rechazo, se acercó directamente a ella y la abrazó, diciéndole –Nunca pensé volverte a ver, estuviste en mis pensamientos todos estos días, quiero estar contigo, estoy enamorado de ti–, la joven sorprendida y conmovida por las palabras de José y las atenciones brindadas en la tienda, del mismo modo respondió –Yo también no pude sacarte de mis pensamientos todos estos días y estoy feliz de que estés aquí–, lo invitó a pasar ofreciéndole una taza de agua. José terminando de aplacar su sed, le preguntó su nombre y ella respondió –Maruja–. Juntos estuvieron platicando hasta que retornara su abuela. Para el ocaso la anciana llegó a la cabaña, sorprendida y algo incómoda miró al joven increpándole su llegada al lugar, Maruja le rogó a la abuela que aceptara a José, ésta a regañadientes consintió que se quedara sólo esa noche. La abuela le ofreció una bebida caliente en la que contenía un brebaje para un sueño profundo.

Al amanecer José se despertó, las dos mujeres le estaban esperando para desayunar, después del desayuno la abuela le dijo que debía irse y que si estaba dispuesta a vivir con su nieta debería volver una vez por semana, excepto las noches de luna. Y así fue que el muchacho cumplió lo que le pidió la abuela durante tres meses. En ese tiempo la abuela enfermó y falleció dejando sola a Maruja. Después del sepelio de la abuela José le propuso a Maruja que se fuera a vivir al pueblo con él y luego se irían a la casa de sus padres, a lo que Maruja rechazó enérgicamente –No puedo ir todavía, mi abuela aún está en mi casa–. Le dijo que no estaba preparada para irse de su hogar y también recalcó que –si me vas a visitar no lo hagas en las noches de luna–.

Esto sonó raro para José, pero cumplió con lo recomendado por Maruja por un par de semanas. No aguantó los celos porque se preguntaba cada noche –¿Por qué no quiere que la visite en noches de luna?, ¿Tendrá un amante? –. Su desconfianza lo llevó a romper el acuerdo, asegurando que su prometida tenía un amante, partió una tarde hacia la cabaña para llegar en la noche de luna. Ya en el lugar, escuchó ronquidos horrorosos y dijo para sí –Ya la encontré, mis sospechas eran verdad, ese ronquido debe ser de su amante–, en su cólera cogiendo un cuchillo entró en la cabaña acercando sigilosamente hacia la cama, donde cada vez el ronquido se hacía más fuerte, llegando a la cabecera encendió una linterna para cogerlos infraganti a los dos amantes, se dio con la sorpresa que solo estaba el cuerpo de la muchacha bien envuelta en sus frazadas, pero no pudo divisar su cabeza, alumbrando directamente al cuello se horrorizó de ver el cuerpo decapitado de su prometida, pero aún con vida y respirando, confirmando todo lo dicho por la gente del pueblo.

En su cólera, recordó que alguien dijo que si ven un cuerpo sin cabeza y que está respirando se le debe poner cenizas para que no pueda volver a pegarse y de este modo moriría, entonces colocó las cenizas del fogón en el cuello, luego se escondió en el entretecho de la choza para verla volver. Cerca del alba la cabeza voladora volvió y trató de pegarse al cuerpo y no lo consiguió, lo intentó otra vez y no pudo, luego tomó distancia y velocidad tampoco lo logró, entonces revisó el cuello para ver qué pasaba y vio las cenizas, rápidamente se dio cuenta que alguien las había puesto y comenzó a buscar al culpable por todos los rincones de la cabaña, y al no encontrar a nadie, subió al entretecho de la choza descubriendo al culpable, con su voz de ultratumba le dijo –¡por qué me hiciste eso!, ¡Ahora verás tu castigo! –, rápidamente buscó el hombro del joven y se impregnó en él.

Aterrado y horrorizado José, lamentó haberle hecho eso a su amada, meditando todo el día en la cabaña dijo –Que voy a hacer ahora, nadie me va a querer ver, todos me van a aborrecer, me votarán de cada pueblo al que yo vaya. Mi vida será la de un errante–, tomando un poncho grande se lo puso para cubrir la cabeza de maruja; hasta los animales le tenían miedo; comenzó su camino sin rumbo por muchos días, cuando se le acabaron sus provisiones, José le dijo a la cabeza –Maruja tengo hambre– y la cabeza no hacía caso, finalmente cansado y hambriento se sentó en una roca en la que a su lado había un árbol grande le lúcuma con unos frutos grandes en la copa, de nuevo le rogó –Maruja amada mía por favor tengo hambre y no hay nada que comer, sólo hay esas lúcumas en la copa del árbol, déjame recogerlas, no puedo subir contigo en mi hombro, despréndete por favor y te quedarás sobre mi poncho, a dónde crees que iré, esto es un lugar desolado, dónde crees que escaparía–, la cabeza se desprendió y le permitió subir al árbol, cuando José bajaba del árbol una rama pesada se rompió y cayó abruptamente a la base del árbol, despertando a un venado que se encontraba dormido bajo la roca, la cabeza pensando que se trataba de la huida de José voló inmediatamente hacia el cuello del venado, quien corría a una velocidad descomunal llevándola lo más lejos posible. Al ver todo eso, José bajó rápidamente del árbol y se fue del lugar, agradeciendo a Dios por haberse librado del castigo de la cabeza voladora.

martes, 29 de octubre de 2019


El arriero incrédulo y la cabeza voladora

Por: HUGO BENNY ELGUERA MANSILLA

En lo profundo de la sierra peruana en la década de los años treinta del siglo pasado, vivió Don Benito, quien en su juventud se fue a la capital a prestar servicios en el ejército peruano, luego de ello aprovechó para ingresar a la Guardia Civil del Perú, prestando sus servicios durante más de diez años y habiendo ahorrado una moderada cantidad de dinero, decidió pedir su baja, ya que vio la oportunidad de convertirse en un mercader en su tierra natal Apurímac.

Tomada su decisión se fue de la capital Lima para retornar a su pueblo natal. No sin antes comprar mercadería como telas, vinos, licor y todo tipo de menajería que fuera novedosa para sus paisanos. Llegando a su terruño emprendió su idea, iniciando con la venta de su mercadería para comprar productos de la zona como maíz, trigo, cebada, papa y otros; con su capital restante compró acémilas para trasladar los productos hacia la ciudad del Cusco, de esta manera convirtiéndose en un arriero prestigioso.

Para poder tener un mejor respaldo y apoyo se casó con una joven paisana suya, diez años menor que él, que tenía el nombre de Simeona. A la que conquistó haciéndole un regalo, que consistía en mostrarle varios vestidos y que escogiera el que más le guste, ella escogió uno de color rosado. Entonces, junto a su esposa iniciaron su negocio. Pronto se hizo conocido en muchas poblaciones en el trayecto de Apurímac a Cusco.

Su esposa Doña Simeona que nunca había conocido otra ciudad que no era la suya, era muy ingenua y supersticiosa, contrario a Don Benito que tenía mucha influencia citadina. Ella tenía mucho miedo y respeto hacia los lugares y espíritus maléficos que pudieran existir en su ruta comercial. En cierta ocasión le contó a su esposo que existían las cabezas voladoras, y le explicó que estás cabezas pertenecían a personas que ejercían la brujería, que por su dedicación a cosas malas y haber hecho daño a las personas, todas las noches cuando dormían la cabeza se desprendía del cuerpo, cuál si fuese decapitado, este cuerpo no moría, se quedaba en la cama haciendo unos ronquidos espantosos como si fuesen de un ser satánico, a la que nadie podía acercarse por temor. Estas cabezas volaban hacia las viviendas de las personas que habían dañado haciendo un ruido espantoso ¡lap, lap, lap, lap, …!; como de ultratumba; cuando las personas escuchaban dicho sonido debían esconderse, porque si las veía, estas se pegarían al cuello de las víctimas, convirtiéndolas en seres monstruosos y aborrecibles ante la gente; quién quiere ver o aceptar a un individuo que de la noche a la mañana aparezca con dos cabezas; además, que esta era poseída por ella, también acota al relato diciendo que, si las cabezas no vuelven por la madrugada y les coge la luz del Sol los quema hasta hacerlos cenizas y los cuerpos mueren en sus camas. Don Benito al escuchar el relato le respondió diciendo ¡estos cuentos son puras tonterías!

En cierta ocasión, habiendo pasado unos meses después del relato de su esposa, Don Benito, aprovechando la luna llena decidió seguir con la jornada para poder avanzar. Cuando llegaron a una quebrada, donde el camino tenía la forma de un codo y había cercos de unos cactus conocidos como “espinos reventados”, el caballo guía se detuvo y espantado quería regresar, pero no pudo, porque la recua que le seguía se lo impedía, entonces, Don Benito se acercó hacia el lugar del caballo y vio algo atrapado en los cactus del cerco, tratando de escapar sin éxito, emitiendo sonidos de lamentos. Su incredulidad y curiosidad lo llevó a acercarse mucho más para ver que era aquello que espantó al caballo, dándose con la sorpresa de ver la cabeza de una mujer con sus cabellos enredados en los espinos del cactus, con el rostro rasgado de tanto forcejear. Donde exclamó –¡quién eres! ¡eres de esta vida o de la otra! –, la cabeza le respondió con una voz de ultratumba, –soy de esta vida papá, por ser bruja y haber hecho daño a mucha gente salgo a penar todas las noches, si me ayudas a salir de estas espinas te voy a compensar, mañana por la mañana vas a mi casa para que pueda entregarte productos y dinero, vivo en aquella lomada, es fácil llegar, no te perderás–. Diciendo eso y agradeciendo la cabeza de la mujer se alejó en la dirección que le señaló.

A la mañana siguiente Don Benito se dirigió al lugar indicado por la cabeza, llegando a la entrada del patio de la vivienda exclamó ¡visita!, a la que hace su aparición la mujer de cuerpo entero con el rostro rasguñado por las espinas, lo saluda de una forma sumisa y lo invita a pasar ofreciéndole un banco para sentarse. Don Benito agradecido le dice que anoche se encontraron en el camino y que ella le ofreció una compensación por haberla liberado. A lo que la mujer le agradece y le pide esperarla un momento, en unos minutos vuelve con cuatro sacos ocupados hasta la cuarta parte cada uno donde contenían maíz, habas, trigo y cebada, aparte de ello le dio moldes de queso y dinero. Agradecido y alegre cogió todo y se retiró.

Don Benito desde ese día cuenta su experiencia con la cabeza voladora, a quien nadie le cree, y aprendió a darle mucho crédito a lo que relata su esposa Doña Simeona, teniendo mucho más respeto por ella y, por los lugares y espíritus que habitan en los andes.

jueves, 19 de septiembre de 2019


Voy a comprar tabaco para fumar…*

Por: Hugo Benny Elguera Mansilla

Era la expresión que hacía el maestro cada vez que salía a las veredas de un costado de la puerta de la universidad.

Fue en el segundo semestre que cursaba cuando me inscribí a un curso y conocí al maestro, un hombre alto, piel trigueña, cabellos largos y canosos peinados hacia atrás, una nariz aguileña algo prolongada, con unos 68 años de edad, siempre bien elegante. Tenía una mirada seria, una voz baja y algo apagada y algo pausada, siempre llevaba un cuaderno con sus notas, de las que dictaba los temas de la materia.

En las sesiones de clases iniciaba como siempre con su saludo y luego hacía un comentario para llamar la atención, una vez que tenía la atención de los estudiantes iniciaba con el tema del día. Su forma de explicar cada tema era a mi parecer muy aburrida, en muchas ocasiones no asistía, en lugar de ello me iba a la biblioteca para tratar de hacerme amigo del bibliotecario, de esta manera pasar a la estantería y sacar los libros que necesitara, llevármelos por una semana o más tiempo.

Al transcurrir el semestre escuché comentarios sobre el maestro, que era conocido a nivel mundial o que había demostrado algo importante y que tenía una propuesta teórica, es más, escuché por la radio que lo condecorarían con el galardón más alto otorgado por el Estado en reconocimiento al trabajo intelectual, cuyo nombre era la de un inca mestizo y escritor. Interesado por el tema, fui a averiguar y conversar con algunos compañeros que adelantaban los semestres, algunos me decían que efectivamente había desarrollado un trabajo que había cambiado la percepción de muchos investigadores, pero que, no sabían explicarme que era exactamente, hasta que hablé con otro profesor que había sido su alumno, él fue quien me explicó de manera sencilla y agradable el trabajo de investigación realizado por el maestro, la repercusión que dio en el mundo, a partir de allí, hubieron muchos otros investigadores extranjeros que se interesaron en el tema, sobre todo estadounidenses y japoneses.

De este modo, empecé a tomarle más interés a la investigación del maestro, pero, al tratar de imbuirme en el tema, más no quería saber ello. Tal sería mi ignorancia que no podía entenderlo. ¿O sería mi presencia prematura en la carrera? Como consecuencia de ello comencé a asistir a sus clases y a la del profesor que me habló del tema del maestro. Además, inicié con las lecturas que nos daba, lecturas de un nivel a la que podíamos alcanzar a comprender; al menos para mí.

Después de un par de semestres inicié con la lectura de sus textos publicados, con una base teórica más o menos lograda; por así decirlo; empecé a entender lo que había desarrollado el maestro. En consecuencia, traté de acercarme a él, pero sin ningún éxito. Supongo porque no tendría la confianza necesaria para entablar una conversación o para hacerle una pregunta que el considere relevante, porque según yo, le veía muy hermético y reservado, e inclusive que tenía su gente seleccionada o favoritos.

En el proceso de mi formación universitaria fui adentrándome en el sentido mismo de la carrera, donde empecé a tener mucha más confianza en mí mismo, habiendo establecido más confianza con el maestro, pero a pesar de eso, lo percibía distante.

Cuando cursaba mi quinto semestre, organizaron un congreso a nivel nacional sobre la carrera, las dos universidades más prestigiosas de la capital y del país; en su cuarta versión; donde tratarían diversas mesas de diálogo, conferencias magistrales, los balances de los temas y avances en la investigación, y en la que en la última fecha del evento se realizaría un homenaje a tres profesionales que habían aportado mucho a la investigación del área, el primero, fue una dama, nacida en uno de los departamentos más conocidos de la Nación, que lleva el sobrenombre de ciudad blanca; el segundo, fue un caballero muy conocido en nuestro mundo académico, quien había fallecido un mes antes; y el tercero, era el maestro, quien estaba siendo reconocido por su trayectoria académica y aportes a la investigación del área.

Decidí ir a ese congreso por muchas razones, por lo tanto, programé mi viaje y estadía en la capital, en la casa de un compañero de clase que vivía en la zona chalaca. La experiencia fue única para mí, en la que me desplazaba en una ciudad a la que poco conocía, por las nuevas zonas a las que fui, y sobre todo fue el congreso mi mejor experiencia, donde aprendí a identificar los temas que me atraían y conocí a toda la elite nacional de la especialidad, y lo más fenomenal fueron los homenajes, porque cuando le tocó el turno al maestro, pasaron un video muy bonito sobre su vida y obra, con lo que quedé maravillado, y eso no fue suficiente, debido a que, la presentación la hizo uno de sus amigos, quien relató de manera extensa su biografía. Finalmente, le tocó dar las palabras de agradecimiento por el reconocimiento dado, tal y como lo caracteriza, inició con un comentario para poder tener la atención del público, notándolo algo nervioso por la emoción, dijo “a los de la costa les da el soroche de altura, pero a mí, me da el soroche de bajura. Por eso estoy algo mareado”, prosiguió con su discurso agradeciendo a todos los que lo rodearon y acompañaron en su formación, a su esposa, hijos y hermanos, sus amigos, sus colegas asistentes; quienes todos fueron sus alumnos; y a sus estudiantes. Cuando dio sus palabras finales, todos los estudiantes que estuvimos presentes, dispersos en el teatro de la universidad, nos pusimos de pie y al ver que lo aplaudíamos con mucha alegría, toda la audiencia se puso de pie y aplaudieron hasta al cansancio.

Una vez clausurado el congreso todos salimos a la parte externa del teatro a reencontrarnos y abrazarlo al maestro, uno tras otro docente, compañera y compañero en una fila interminable, donde en un momento el maestro exclamó ¡quien no vino! ¡quien no vino!, todos nos reímos y bailamos a son de los “sicuris”. Fue en ese congreso donde lo conocí y aprendí más de él, donde encontré mi elemento.

A partir de ello iba con más confianza donde el maestro, hasta que un día le mostré unas fotografías de un inmenso pago a la tierra realizado en San Sebastián, al terminar de ver las fotografías me dijo “presentarás una ponencia de este tema en el evento que tiene más de treinta años ininterrumpidos en nuestro medio”, fue así, cuando me dio la estocada final para establecer la confianza y entrar en su círculo y a partir de allí crecieron mis alas.

Un par de semestres más, formé un grupo de lectura integrado por cuatro compañeros, incluido yo; dos chicos y dos chicas; en la que el maestro nos dio una lista con una serie de títulos de libros para iniciar las reuniones, donde el compromiso era la de leer un libro por semana y si el libro era voluminoso debía ser dos semanas, el habernos aventurado en este espacio académico nos nutrió la mente y al parecer el alma, porque le teníamos mucho más cariño a lo que hacíamos, este pequeño espacio, duró un par de años y medio, se acabó porque todos habíamos culminado nuestros estudios y debíamos prepararnos para realizar nuestros trabajos de investigación y graduarnos.

En cada una de estas etapas no solo aprendí del maestro lo académico, si no, el hacer lo correcto, la humildad, el esmero, la puntualidad, y el amor propio; sus bromas, las lisonjas, sus chistes. Tenía un humor único, en una ocasión cuando a los compañeros del grupo de lectura nos invitó unos helados y dijo con una voz sonriente, “ahora sí me pueden decir que estoy chupando con mis alumnos”, haciendo creer que el maestro estaba bebiendo alcohol con sus estudiantes. En otra ocasión nos preguntaba, “ahora que están leyendo”, ¿Qué le regalarían a uno de vuestros profesores por quien no sienten simpatía o les desagrada? una de las compañeras rápidamente le respondió, “un libro de conceptos básicos de la carrera”, el respondía riendo, “están peligrosos, mejor ya no les digo más”.

Una vez nos contó un chiste en clase, donde parecía algo raro que no haya tratado mucho los temas del curso, casi al finalizar nos relata de la siguiente manera: “había una vez un Duque que tenía la más hermosa mujer de todo el reino, quien era codiciado más por su conyugue que por la riqueza que poseía, pero este Duque le era infiel a su mujer y de manera descarada. Esta al no aguantar más sus infidelidades fue donde el Obispo a desfogar su molestia y que le llamara la atención al marido. Habiendo escuchado los lamentos de la mujer, este, citó al Duque hacia el monasterio para reprenderlo, en dicha reprenda resaltó su infidelidad hacia su mujer, increpándole que él no debía hacer eso, porque tiene la mujer más bella y codiciada del reino. Este escuchó atentamente todo lo dicho por el Obispo, agradeciéndole por el sermón, le invitó a pasar una semana en su palacio, a lo que este aceptó gustoso. El primer día a la hora de cenar el Duque lo sorprendió con un guiso de faisán, uno de los platos más costosos y deliciosos del lugar, el Obispo maravillado agradeciendo inició la comilona hasta chuparse los dedos. A la noche siguiente también le ofreció otro guiso de faisán, siendo sorprendido por segunda vez, una vez más agradecido inició el festín. Y así todas las noches le hizo preparar y servir faisán, con lo que el huésped empezaba a hartarse. En la última noche, el Obispo algo incómodo e inquieto se dirige al Duque y le cuenta su molestia, diciéndole, mi estimado Duque, sin ánimo de molestarlo y sin ser desagradecido por todas las atenciones prestadas, y que el faisán es un plato sin igual, ¿no cree usted que comerlo todas las noches es aburrido? Y el Duque sarcásticamente le responde ¿Y qué cree que pasa con mi mujer?”.

Otro aspecto muy curioso del maestro, era que, todos los días en su horario libre, más o menos entre las 10:00 y 11:30 de la mañana salía a la puerta principal de la universidad, se dirigía a las veredas ubicadas al costado izquierdo, siempre diciendo o a veces murmurando ¡voy a comprar tabaco para fumar! o en otras circunstancias sólo decía ¡voy a comprar cigarro! Entonces, se acercaba a un puesto donde vendían periódicos, por lo general compraba dos diarios de la capital, uno de la ciudad blanca, y dos de los más conocidos del medio. Regresaba a su gabinete con una sonrisa burlona y diciendo “voy a humear un rato”.

El maestro nos dejó en las aulas muchas cosas de él, que sólo aquellos que le pusieron atención o que le supieron apreciar y conocer pudieron rescatar y conservar su amplia sabiduría, como pequeñas chispas que ahora son llamas ardientes en los corazones de muchos de sus alumnos que lo recordamos con mucho cariño y añoranza por esos buenos tiempos en las aulas universitarias. ¡Gracias Maestro!

Cusco, 16 de agosto del 2019.

* Un pequeño homenaje para el gran maestro Jorge Aníbal Flores Ochoa, quien dejó una huella profunda en muchos de sus estudiantes, quienes aprendimos a apreciar la antropología desde una visión andina.

lunes, 25 de febrero de 2019


“FESTIVAL ANDINO TARPUY RAYMI” DE LA COMUNIDAD CAMPESINA DE CUYO CHICO

Por: Antropólogo HUGO BENNY ELGUERA MANSILLA

1.       INTRODUCCIÓN

El propósito de este ensayo es sustentar la petición de reconocimiento del “Festival Andino Tarpuy Raymi” de la Comunidad Campesina de Cuyo Chico, cuya finalidad tiene la de recordar el legado de la agricultura inca. Por consiguiente, y para su mejor entendimiento indicaremos en que consiste el término “tarpuy” y el término “raymi” apoyándonos en algunos cronistas para mostrar lo importante que fueron las fiestas en el Tahuantinsuyo, posteriormente desarrollaremos muy brevemente el proceso del “tarpuy” en la comunidad campesina de Cuyo Chico, con algunos testimonios.

2.       EL “TARPUY”

El “tarpuy” es un proceso de la agricultura andina, que es la siembra de algún producto, con la finalidad de producir alimentos para el consumo y la subsistencia de los pobladores andinos, para su mejor entendimiento Margot Beyersdorff define de la siguiente manera: El tarpuy es la acción de sembrar. Sembrar, echar simiente de tubérculos en el surco. Sembrar maíz, tubérculos y leguminosas. Existen otros tipos de sembrío, como son: El maway tarpuy, es la época donde se realiza la primera siembra entre el 15 de julio y el primero de agosto que se realiza en las parcelas de la zona Queshua debido a que los terrenos se riegan por sistema hidráulico; el huch’uy tarpuy, es la pequeña siembra, realizada en terrenos de poca extensión y durante el corto periodo del maway tarpuy; el wana tarpuy, es el segundo periodo de la siembra durante el mes de agosto hasta el 15 de setiembre, que se efectúa en zonas de terreno de puna; el hatun tarpuy (qhepa tarpuy) es el tercer y último periodo de siembra en terrenos bajíos e intermedios de la comunidad, entre setiembre y noviembre, durante o al empezar la temporadas de lluvias (BEYERSDORFF: 1984).

3.       EL “RAYMI”

El “raymi” o fiesta era una actividad para demostrar el agradecimiento a las deidades por la abundancia y también para manifestar el poderío que tenía el imperio del Tahuantinsuyo, la pomposidad de las fiestas que hasta hoy la realizan los habitantes de la zona rural tanto como urbana es más para demostrar su poder económico. Pedro Cieza de León indica al respecto que Muchas fiestas tenían en el año los Ingas, en las cuales hacían grandes sacrificios conforme a la costumbre de ellos… Y esta fiesta se celebraba por fin de agosto, cuando ya ellos habían cogido sus maizales, papas, quínuas, oca y las demás semillas que siembran. Y llaman a esta fiesta, como he dicho, Hatun Layme, que en nuestra lengua quiere decir “fiesta muy solemne”, porque en ella se había de rendir gracias y loores al gran Dios Hacedor de los cielos y la tierra a quien llamaban –como muchas veces he dicho– Ticiviracocha, y al Sol y a la Luna y a los otros dioses suyos, por les haber dado buen año de cosechas para su mantenimiento (CIEZA DE LEÓN: 2005). Al respecto Martín de Murúa refuerza la idea indicando que, aún en la fiesta del raymi, en muchos lugares del Reino, la suelen celebrar encubiertamente, al tiempo de sembrar, con muchos bailes y danzas (MURÚA: 2001), en este sentido ambos cronistas nos sugieren la importancia de las fiestas durante el imperio del Tahuantinsuyo, por lo que recordarlas y rememorarlas es de suma importancia.

Desde otra perspectiva el término “Raimi o Raymi” el Inca Garcilaso de la Vega nos ilustra indicando que “Este  nombre Raimi suena tanto como Pascua o fiesta solemne. Entre cuatro fiestas  que solemnizaban  los Reyes Incas  en la ciudad  del Cuzco, que  fue otra  Roma,  la solemnísima era la que  hacían  al  Sol  por  el  mes  de junio,  que llamaban  Inti  Raimi, que  quiere decir  la Pascua  solemne del  Sol, y  absolutamente le llamaban Raimi, que significa lo mismo, y sí a otras fiestas  llamaban con este nombre era por participación de esta fiesta, a la cual pertenecía derechamente  el nombre Raimi” (GARCILASO: 2013).

4.        LA ACTIVIDAD AGRÍCOLA EN LA COMUNIDAD CAMPESINA DE CUYO CHICO

En la actualidad los pobladores de la Comunidad Campesina de Cuyo Chico se dedican muy poco a la agricultura, debido al incremento de la presencia de turistas, por lo tanto, muchos de ellos cambiaron sus actividades como a la producción o a la venta de artesanías, construcción de albergues para turistas, transporte rural, migración a la ciudad capital de Pisac para establecer un negocio para la venta de artesanía o un puesto de trabajo en el gobierno local. En este sentido, los cambios producidos por lo antes mencionado han hecho que los habitantes de Cuyo Chico, estén dejando sus prácticas agrícolas y todo el legado cultural inmaterial que acompaña a dicha actividad, como los ritos, mitos, creencias, cantos y otros. En una pequeña entrevista al presidente de la Comunidad Campesina de Cuyo Chico don Ricardo Díaz Coyori nos comenta ligeramente lo siguiente:

“En estos tiempos en la comunidad de Cuyo chico la gente ya no se dedica mucho a la agricultura,… y los que todavía trabajan en sus chacras, lo hacen con el arado de toros para eso contratan a la persona que conoce para que guíe la yunta,… ya no utilizan la chaquitaklla, ya nadie en la comunidad tienen esas herramientas, pero en las comunidades más altas todavía siguen utilizando la chaquitaklla…”. (DÍAZ COYORI, Ricardo: 19/06/17; Cuyo Chico)

En el presente acápite se muestran testimonios relacionados con la siembra, se realizaron las entrevistas a los señores Félix Choque Quispe con 74 años de edad y Fernando Tito Rayo con 82 años de edad, en las cuales cada entrevistado contaba sus recuerdos y los reforzaba con el comentario del otro, por lo que se rescató el siguiente extracto, los que indican que en su juventud ellos observaban y recuerdan que para la época de siembra y especialmente para el maíz lo primero que realizaban era el “despacho”, “alcanzo” o “hayhuaricuy”, el cual es un ritual que purifica la tierra para su mejor producción, y este lo debía de hacer un conocedor, para ello contrataban los servicios de un “paq’o” o “pampamisayoc” a lo que ellos llaman “un maestro”, este personaje no era de la comunidad, lo traían desde la ciudad de Coya, Calca, Cusco o Paucartambo.

Lo primero que realizaban era el “qarpay” o el riego para suavizar el terreno y luego seguía el “kuskiy” o la roturación del terreno con el arado utilizando la tracción de los toros, este preparado de la tierra era con la finalidad de que las primeras heladas del año pudieran eliminar a los gusanos, larvas o insectos que dañan las semillas. Después de viene el “tarpuy” o la siembra propiamente dicha, donde colocan la semilla en la tierra, después de un par de semanas aproximadamente se realiza el “pankiy” que se trata de completar los espacios donde no crecieron las semillas sembradas, después de dos meses o un poco más se realiza el “hallmay” o aporque de tierra a las raíces de las plantas jóvenes para que el sol no dañe sus raíces y pueda desarrollar con mayor vigor, después de esta etapa realizan el riego, luego viene el “haray” o la segunda lampa, o segundo aporque de la tierra a las plantas ya adultas para su resistencia y consistencia, finalmente esperan a que el maíz seque, para realizar el entroje que consiste en el “kallchay”,“kallcheo” o corte de la caña del maíz, para llevarlos al tendal amontonándolos a manera de conos, paralelamente o durante el traslado realizaban el “haychay” un canto de agradecimiento. Todo este proceso del “tarpuy” tiene un tiempo de espera o desarrollo de unos ocho meses.

Cabe señalar que este proceso del entroje se le consideraba una ceremonia que ya no lo recuerdan la mayoría de las personas, cuya intención era la de retener más tiempo la cosecha en el “taqe” (lugar donde se guarda el producto) para solucionar el hambre que puedan atravesar en la temporada del “muchuy” (hambruna), la acción de entrojar es con la finalidad de maximizar el producto y darle mejor uso (ROZAS: 1996). De esta manera, según la racionalidad andina todo gira en torno a un orden y para mantener este orden se necesita de una ceremonia, de un ritual.

El “taqe” en la comunidad campesina de Cuyo Chico ya no es utilizado, solo es recordado por las personas mayores a 40 años, muchos ya no recuerdan el significado y la medida o cálculo de los productos para poder racionarlos y lograr llegar a la otra época de cosecha.

Adicionalmente los entrevistados agregan al comentario realizado de manera individual respecto a la siembra lo siguiente:

En cuanto a la ayuda mutua o cooperación, indica: “Antes de sembrar teníamos que pedir en ayni ayuda a nuestros parientes, amigos o vecinos para que trabajen en nuestra chacra, sobre todo para el yapuy (roturación de los terrenos) en los muyu allpas (en los terrenos de rotación de cultivos). Ahora todo es jornal, ya nadie quiere hacer ayni”. (Choque Quispe, Félix: 23/06/17; Cuyo Chico)

En el tema de la alimentación las famosas meriendas siempre son un punto de atención, ya que el arte culinario y el conocimiento de los nutrientes de los productos andinos no están exentos a la actividad laboral de la siembra, donde nos describe: “Durante el trabajo al medio día se realiza la ch’aquipa (el descanso para refrigerio) donde tomábamos la chicha, hallpamos la coca y nos servían caldo, con todo eso trabajábamos hasta la tarde, allí nos traían la merienda, algunos hacían con lizas, calabaza, tarwi, quinua, tortilla de maíz, queso y arroz, otros le ponían carne de cuye, oveja o vaca”. (Tito Rayo, Fernando: 23/06/17; Cuyo Chico)

En relación a los ritos durante el proceso de la siembra y cosecha menciona: “Antes se hacía el saminchay (es el acto de descansar en media jornada laboral), con la coca para la pacha tierra, para pedirle que produzca más,… también se hacía el tinkay (acto de purificacion) cuando se terminaba de cosechar al maíz o la papa” (Tito Rayo, Fernando: 23/06/17; Cuyo Chico)

La jerarquía el orden y el respeto primaban en toda las actividades de la comunidad y eso se reflejaba en la agricultura y sobre todo en el proceso de la siembra, tal y cual como no los cuenta: “Durante el trabajo en la chacra siempre había un capitán que le llamaba el “qollana”, luego estaba su segunda el “kayhua” y el cañariy,… para el kallchay, siempre iba primero el qollana”, segundo el “kayhua” y tercero el cañariy después todos los demás, el “qollana” iniciaba el “haychay” algunos cantaban el “alabado haychay”, otros el “Chaska lucero haychay”, había varias formas de “haychay” pero ahora nos hemos olvidado” (Choque Quispe, Félix: 23/06/17; Cuyo Chico)

Como podemos observar que en el proceso de la siembra subyace un sistema de organización social, política y económica, relaciones sociales, hechos religiosos, aspectos alimenticios y toda una ideología de un pueblo. Por eso es menester, tratar de proteger este legado histórico y patrimonio cultural inmaterial.

5.       A MANERA DE CONCLUSIÓN

v  Teniendo en cuenta que en la comunidad de cuyo chico ya no realizan las actividades agrícolas con los saberes de antaño, es necesario que se incentive a la rememoración de dicha actividad partiendo de una información adecuada, para inculcar a la juventud el reconocimiento y la práctica de la agricultura ancestral.
v  El aprendizaje de los saberes ancestrales respecto a la agricultura y la puesta en práctica promoverá el fortalecimiento de la identidad y amor por la cultura andina y sobre todo de su comunidad.
v  La buena utilización de este conocimiento producirá un atractivo y atraerá al turismo, por consiguiente generará un ingreso económico directo a los pobladores de la comunidad.

6.       RECOMENDACIÓN

Se recomienda la el reconocimiento del “FESTIVAL ANDINO TARPUY RAYMI” DE LA COMUNIDAD CAMPESINA DE CUYO CHICO” porque incentiva al reconocimiento de la cultura andina, fortalecimiento de la identidad y protección del patrimonio cultural inmaterial del distrito, además que resultará ser un atractivo para los turistas nacionales y extranjeros, por consiguiente, generará fuente de ingreso económico.

7.       REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BEYERSDORFF, Margot.
1984    Léxico Agropecuario Quechua. Centro de estudios rurales andinos. “Bartolomé de las Casas”. Cusco.

CIEZA DE LEÓN, Pedro de
2005    Crónica del Perú El Señorío de los Incas. Fundación Biblioteca Ayacucho.

GARCILASO DE LA VEGA, Inca
2013    Comentarios Reales de los Incas. Vitruvian Publishing House. Lima.

MURÚA, Martin de
2001    Historia General Del Perú. Editorial Dastin, S. L. Madrid – España.

ROZAS ÁLVAREZ, J. Washington.
1996    Un análisis metafórico del rol de la mujer y el varón en calca. En, ANDINIDAD, Etnofolklore N° 1. Instituto Nacional de Cultura, Cusco.

domingo, 13 de enero de 2019


RECORDANDO A LA “PROMO”

Por Hugo Benny Elguera Mansilla

En este tiempo las redes sociales son los medios más importantes de la época exclusivamente para comunicarse, en este sentido, todo este barullo de la reunión inicia cuando alguien pone un escrito por el medio famoso del “Facebook” molestando al compañero Lino Kcorahua, por sus cumpleaños. Y el día 22 de septiembre del presente aproximadamente a las 11:20 de la noche recibí una llamada de un compañero de promoción, Noé Quispesayhua, diciendo que el día 27 del mismo mes nos reuniríamos por la noche, esa noche no pude estar presente por muchas razones y/o podría decirse excusas, no lo sé, pero al día siguiente al despertar se cruzó varios recuerdos por mi mente, y recordaba a muchos compañeros de colegio y especialmente de la promoción del año 1995 del quinto “A” de la Gran Unidad Escolar Inca Garcilaso De La Vega, muchachos con quienes compartíamos muchas cosas buenas y malas. Algunos de nosotros nos conocíamos durante los cinco años del ciclo del colegio y con otros los tres últimos años, creo que eso no tiene importancia, porque en todos esos tres últimos años vivimos cosas intensas, los recuerdo a muchos de ellos y a los que no nombre en este relato les pido mil disculpas.

Al escribir estas líneas quiero hacer presente a uno que ya no está entre nosotros, me refiero al compañero “Víctor Amudio Chara”, que en paz descanse, seguro que lo recordamos como “el chara”, el pelotero, el corredor, un crack del futbol, algunos sabíamos que era un “majeño[1]”, también recuerdo que muchas veces cuando jugaba por las tardes en los campeonatos inter aulas, después de meter sus goles y terminar el partido de futbol, se iba corriendo a encontrarse con su “chica”, la conocida “Chío”; esto y muchas cosas más recuerdo de él, y cada uno de nosotros lo recuerda a su manera, por esa razón  “Víctor” siempre vivirá en nosotros.

Eso me recordó que el día del sepelio de Víctor alguien dijo: “murió el número uno de la lista de la promo” y que al compañero Robinson Baca deberíamos cuidarlo porque es el número dos, por lo tanto él seguía, a Robinson lo conocimos como un tipo tranquilo y pausado, tenía ciertos complejos del príncipe del rap porque le hicimos creer eso, otro compañero es el “abuelo” Barrientos lo recuerdo como figureti, juguetón, picón, otro quien siempre está en mi memoria es Arturo Castro el popular “huesos”, un tipo muy tranquilo y sencillo hasta hoy, asimismo recuerdo a mi tocayo Hugo Cárdenas el “guaranito”, que aún mis padres lo recuerdan cariñosamente con el apelativo de “Guaraná Backus” y preguntan por él, es nuestro querido “Quetzal”, amigo respetable y muy estimado, a Henry Chahua, conocido como Freddy Krueger y su manera burlona de hablar a lo argentino con una mezcla de brasileiro, era otro de los pelotero del salón a quien el profe “cabubi” le cogió maña y le incomodaba en cada clase, otro a quien recuerdo es al compañero Roy Choquehuanca, recordado como “pirulays”, “perroy” o “ch’acu” según algunos dicen que ya no es el Choquehuanca que conocemos, ahora es un “Portilla”, pero igual sigue siendo parte de nosotros, recuerdo a mi queridísimo amigo Henry Chuchullo uno de los más carismáticos, alegre y colaborador hasta hoy, además de molestoso y “jodido”, otro amigo especial a quien recordé es al compañero Percy Cutipa con una personalidad formal hasta el presente, atento, cariñoso y solidario, recuerdo al compañero Omar De La Torre, buen amigo incluso fuera del colegio, más conocido como “mami” por su nombre Dany, a Edilberto De Los Ríos, conocido como “delos” o el “chavito”, también está su compañero Elguera o “venite volando” o no sé cómo lo recuerdan ustedes, hasta ahora creo que estoy en la lista hasta el número once.

Luego está uno de los compañeros mucho más carismáticos y cómicos, el “pescao” Richard Enríquez, muy buen amigo, colaborador y poeta, ahora actor cómico con el nombre de “Richard Douglas”, que al parecer le subió la fama a la cabeza, otro de los compañeros es el famoso “caballo” Escalante o Fredy Escalante, a él lo recuerdo como un pillo en el buen sentido, recuerdo su famosa frase cuando se molestaba, “te voy a matar con cuchillo” tal vez por el complejo que adquirió debido a las bromas que le hacían porque vivía en un barrio con fama de cacos, otro de la lista negra de mis memorias es Camilo Flores el “ambrosio” porque en una oportunidad el profe “cabubi” en sus clases de educación física lo cogió comiendo pan, enojándole le hizo botar y pisarlo, de allí el apelativo de “ambrosio”,  también llega a mi memoria el compañero Fredy Gudiel tranquilo nada violento, recuerdo su manera de reír tapándose la boca con las manos, además que siempre discutía con nuestro compañero Barrientos el “abuelo”. Está también el compañero Omar Herrera quien era parte de los que les decíamos los enanos o chiquitines, que ahora ya no lo son, era pequeño en estatura pero con mucha maña. Recuerdo muy bien a Mendel Jaquegua el famoso “monky” por ser el más morenito del salón, recuerdo que era muy elocuente en sus discursos y exposiciones, alguna vez alcance a decirle que debería formar su movimiento jaqueguista revolucionario. Otro que no escapa a mi memoria es el chino Lino Kcorahua Salazar al que le decían “te encantalá”, lo conocí más cuando hicimos para el paseo de comparsas del colegio, un dragón de carrizos y papel que no llegó ni a la avenida Tullumayo, siempre atento y colaborador, otra cosa que recuerdo de él es que se sentaba delante de “el caballo Escalante” y este cada vez que se distraía le daba hincadas con los dedos en las costillas y la reacción de Lino era saltar y botar al piso cualquier objeto que tenía a la mano. Otro de los enanos es el compañero Luna o “Mariluna” por el tema musical de la época, luego está el compañero Lusa Chalco o “el gigante sin corazón” quien tenía una estatura alta hasta el segundo año, después la helada le cogió y muchos le alcanzaron e incluso le pasaron en estatura. Me olvidé en este grupo al compañero Eloy Huallpa, al “huallpita”, la gallinita pone huevos o la gallinita ciega, burlón y renegón.

Haciendo reminiscencia, mi memoria evoca a los compañeros Rusbel Mamani “el recio” era muy tranquilo a quien le decían Jean Claude Van Dame o “Van Dando Pena”, a otro recio que tal vez lo recuerden por bambam es al compañero Javier Mendoza, sereno y tranquilo, era un basquetbolista; recuerdo a Oshiel Mercado otro del grupo de los enanos muy curioso para hacer sus monerías, es uno de los compañeros que no lo vi desde que salimos del colegio, está el famoso “pisao” José Minaya, su apelativo deviene del accidente que tuvo, lo atropelló un vehículo, era otro pelotero, recuerdo a nuestro compañero de la mirada dormilona “el sueños” Christopher Mujica quien se sentaba tranquilamente atendiendo las lecciones con una mirada somnolienta, y para todos parecía como si se estuviera durmiendo; el compañero Edwin Murillo con sus famosos rulos, y está también el calqueño Moisés Mora. Creo que perdí la cuenta, ha de ser que estoy en la lista entre el doce y el treinta.

Hay compañeros con los que siempre estuve en contacto o nos comunicábamos cada vez que hubo oportunidad, ellos son los amigos Hugo Cárdenas, Henry Chahua, Henry Chuchullo y Edilberto De Los Ríos, Noé Quispesayhua en este grupo se encuentra también el compañero Alex Peralta más conocido como “planisferio”, “anticucho con papa grande” o “Perales” ahora “Alpese” quien muestra su fotografía en el Facebook posando en las puertas de la Universidad de “Harvard”, no sé si será cierto, pero, siempre esperamos lo mejor de él y celebramos sus éxitos, que siga adelante siendo un buen ejemplo; también está mi pata del alma Alfredo Quenta el famoso “champiñón” o como le decían “quenta dicho”, mal pateador de los penales y a título personal diré que es uno de los compañeros con quien más frecuenté, vi y gocé sus logros y quien también hizo lo propio con los míos y lo seguimos haciendo hasta hoy, también está el compañero Raúl Quiñones llamado “el tímido” por sus serenidad, otros le decían “el negro” también otro pelotero y basquetbolista. No se puede olvidar a Noe Quispesayhua  nuestro querido “canario”, “chichicuilote”, “foco” o “cabezón”, “twette” su sola presencia causaba una sensación de alegría, aunque ahora es un dolor de cabeza para Henry Chuchullo, añadiré que gracias a su esfuerzo, empeño y dedicación se lleva a cabo estas reuniones, creo que en estas líneas se merece un reconocimiento, “gracias Noé”. En este párrafo me olvidaba a Francis Ormachea a quien todos le hacíamos el famoso “bullying” por su manera afeminada, otros le decían “Francisca” por la propaganda del café; ¡que jodidos éramos!, pese a eso nos soportaba, fue un gran amigo y también olvidaba al compañero Hamilton Uñuruco a quien algún palomilla le decía “uñukuko”.

Creo que en cada generación hay un Donald, un Lucas o un Ploky y ya saben a quién me refiero, nos es nada más ni nada menos que Ronald Puma “el pato”, tipo tranquilo, modesto pero cuando se molestaba era un ciclón, también era un experto en el sonido electrónico y otro pelotero; cariñosamente recuerdo a Iván Raime el famoso “Raquel” por su delgadez, era bromista y palomilla, otro basquetbolista, junto a ellos está Paul Sardón sereno y responsable, también otro pelotero, pero que también se le subió los humos por ser “chivil[2]”, recuerdo a alguien muy curioso a la “Thalía” o “potona” todos saben a quién me refiero, al palomilla de Christian Segura, junto a él está Jaime Solórzano el velludo, algunos le decían pelos o creo neandertal, otro tipo sencillo y sentimental, siempre reclama por qué trapearon con él, el piso del teatrín del colegio, no creo que olvidemos a Julián Soto Santos, “el papá soto” por la estatura y la corpulencia que tenía, la madurez y la seriedad, recuerdo que para realizar nuestras reuniones hablaba por lo menos una media hora tan sólo para hacernos callar, porque éramos muy bulliciosos. A otro de los compañeros que no lo veo desde que salimos del colegio es al compañero Tarquito o Wilfredo Tarco el “tompow del salón” por el corte pelado y la colita sobrante, el “cojo” o “cojodo” por su accidente, y recuerdo que iba a clases con su pierna enyesada, bromista, boxeador y otro pelotero, también humilde y tranquilo, cabe en mis memorias frágiles el compañero Tito Sicos de quien poco recuerdo debe ser por su serenidad y tranquilidad.

La vanidad está siempre presente y eso me recuerda al compañero Edwin Valencia todavía algunos lo recordamos como el vanidoso, siempre arreglándose con su pequeño peine sus cabellos, la colonia o el perfume que lo acompañaba, también a él no lo veo desde que terminamos el colegio. Otro con el que me encuentro casi siempre es con el famoso “nervios de acero” un gran amigo Vidal Vásquez su sobrenombre deviene por sus manos temblorosas cual si padeciera el síndrome Parkinson, era otro pillo pero buen amigo. Tampoco creo que olvidemos a nuestro muy querido y recordado “pinocho” William Vargas, otro con su famoso corte hongo, un galán y bebedor, pero muy sentimental porque cada vez que nos recuerda se pone melancólico y tiende a llorar, recuerdo que una vez estuvo en clases muy ebrio y que el profesor de matemática no se dio cuenta, era otro palomilla que en las clases de educación física se bajaba la trusa para mostrarles su pene a las chicas del Colegio Comercio 41, porque se jactaba de ser aventajado; ahora recuerdo a un compañero casi siempre mal humorado, me refiero al compañero Herbert Villena, cada vez que jugaba futbol o “futbitol” le decían que se va a caer, porque una vez se cayó y golpeó la cabeza y se desmayó, también está el paucartambino Vladimir Yábar y finalmente está uno de los compañeros del final de la lista, carismático y tranquilo, me refiero al chino Yépez, Rubén siempre tranquilo un poco impetuoso pero buen amigo, también otro pelotero.

Como no todo es color rosa en una familia y en esta gran familia hay una oveja negra quien no merece ser anunciado por su nombre, pero recuerdo que le decían el “cocodrilo mal domesticado”, otros ahora le dicen el renegado o el que fue vapuleado en un colegio particular cuando se quiso cambiar, todos saben a quién refiero y no vale la pena ni siquiera mencionarlo. Bueno puedo decir que son todos los compañeros a quienes puedo recordar, “ojo” y eso que no tengo la lista, espero que algunos “promos” no se sientan aludidos, pero es como los recuerdo y siempre los tendré presente en este largo y a la vez corto trajín de la vida.

Creo que en el camino de la vida hasta hoy algunos fuimos topándonos en algún lado, muchos de nosotros nos hablamos con la confianza que nos caracterizaba, otros pesar de los grandes logros que alcanzaron mantenían su espléndida sencillez, pero creo que a algunos compañeros unos simples logros les subió a la cabeza y su mediocridad pudo más que su razón, tengamos en cuenta que el camino todavía es largo y nos encontraremos otra vez más adelante y pueda ser que la vida se invierta, y allí estaremos todos juntos aquellos que hoy nos damos la mano.

Quiero finalizar diciendo que este pequeño escrito es una semblanza y un homenaje que sale desde el fondo del corazón y el alma a todos los compañeros de la Promoción del Quinto “A” del año 1995 de la Gran Unidad Escolar Inca Garcilaso De La Vega, de la más grande ciudad del mundo que es nuestro querido Cusco.

Cusco, 06 de diciembre de 2014.
///hbem


[1] “Majeño” o “Majegno” es una comparsa o danza que practica una agrupación de feligreses en honor al Santo Patrón de San Sebastián, celebrada cada 20 de enero.
[2] “Chivil” es un apelativo que deviene de la criollada cusqueña creada en el campus universitario para designarlos a los estudiantes de ingeniería civil.

miércoles, 12 de diciembre de 2018


APUNTES SOBRE LA PRESENCIA DE TURISTAS EN LA CIUDAD DEL CUZCO (1920 - 1993)

Por: HUGO BENNY ELGUERA MANSILLA

La ciudad del Cusco históricamente está en el centro de atención de la humanidad y es una de las más visitadas por viajeros del país y de todo el mundo, también es la más antigua ciudad viviente de América (Angles 1988: 18). Después de la independencia una serie de viajeros reinicia la configuración del Cusco como lugar simbólico dentro de las recientes fundaciones republicanas de América Latina (Lenci 2004: 165). Luis E. Valcárcel en sus memorias señala que a partir de 1912 puede hablarse de grupos de viajeros que se sumaban a la vida cotidiana cusqueña (Matos 1981: 43). Dicho esto, vemos que la ciudad del Cusco fue visitada constantemente por viajeros, exploradores, peregrinos y comerciantes. Más aún con la llegada del ferrocarril en 1908 y la afluencia de capitales que crean industrias y comercio de intercambio (Correa y Samanez 1977: 16), Valcárcel dice, desde que se tendió la vía férrea aumentó el número de viajeros, particularmente de hombres de negocios o comerciantes (J. Matos 1981: 43), claro que estos personajes no cuentan propiamente como turistas, pero muchos de ellos eran extranjeros. Desde ese entonces la presencia de mucha gente extraña al medio, fue constante.

            La presencia de turistas en la ciudad del Cusco refiere a la década de los años veinte del siglo pasado, el atractivo generado por los monumentos arqueológicos, iniciado con la difusión de las características de la ciudadela de Machupicchu desde la segunda década del presente siglo, comenzó a delinear la fisonomía turística de la ciudad y producir las primeras alteraciones en su estructura (Correa y Samanez 1977: 17), así como las primeras guías de turismo publicadas en la época, impresas en 1921 con el título de El Cusco y sus Monumentos. Guía del Viajero, de Rosario Zárate, otra fuente es la Guía Comercial, Profesional e Industrial del Cuzco, impresa en 1928, en la que propaga avisos comerciales como por ejemplo, “El Gran Hotel Colón”, también muchos intelectuales de la década de los veinte realizaron trabajos referidos a los aspectos monumentales del Cusco, en la que resalta José Gabriel Cosio y su libro El Cusco Histórico y Monumental, publicado en 1924 donde señala que le servirá al viajero en el fácil conocimiento de la ciudad del Cuzco (Flores 1994: 209-210), así como la Guía Histórico-Artística del Cuzco de José Uriel García publicada en 1925 con indicaciones y sugerencias para que el turista, visite los atractivos de la ciudad (Flores 1996: 10), vale reconocer en esta década que las primeras posibilidades del turismo como actividad económica fueron anunciadas por Alberto Giesecke (Villegas y Estrada 1990: 46), con lo que contribuyó de manera significativa a que el Cuzco tome como el imaginario nacional e internacional (Mendoza 2006: 96), también Uriel García y Humberto Vidal Unda dedicaron muchos de sus esfuerzos a convertir al Cuzco en centro nacional y mundial del turismo, al mismo tiempo promovieron prácticas culturales consideradas folclóricas (Mendoza 2006: 90), en esta misma los funcionarios del gobierno organizaron una filial de la Corporación Nacional de Turismo, con la esperanza de desarrollar el potencial turístico del Cusco (De La Cadena 2004: 160). Estos son los personajes y acontecimientos más renombrados que establecieron las huellas respecto al fenómeno del turismo en las primeras décadas del siglo pasado.
           
            En las décadas de 1930 y 1940, los cuzqueños continuaron construyendo el camino para que el Cuzco se convirtiera en un centro de interés turístico nacional y especialmente extranjero (Mendoza 2006: 94), décadas en la que se difunde el ideario del turismo, por lo que en 1944 Vidal Unda introduce un proyecto turístico, en el que comprendió a la tradición, pensando en que el turismo sería algo así como la palanca de las estructuras feudales (Calvo 1999: 193-194), en el mismo año se inaugura el “Hotel Cusco”, más conocido como el “Hotel de Turistas” (Flores 2006: 35), también en 1940 se remplaza la Corporación Nacional de Turismo por otra institución conocida como Touring Automóvil Club del Perú, creada especialmente para promover el turismo (De La Cadena 2004: 160).  Claro está que en esta época el desarrollo del turismo fue insipiente, por una sencilla razón, no le dieron la debida atención por no tener la orientación adecuada, es así, que solo a partir de las siguientes décadas se incentiva el aprovechamiento del turismo con mucha importancia.

            Las referencias de la verdadera concurrencia de turistas a la ciudad del Cusco apuntan a la década del cincuenta, época en la que se suscita un acontecimiento que arremetió a toda la población cusqueña conocido como “el terremoto del cincuenta”, fenómeno geológico que provocó los cambios no sólo en la estructura arquitectónica de la ciudad, sino también en el aspecto sociocultural de los pobladores, dicho fenómeno natural encierra en sus réplicas la sacudida social, el despertar definitivo de un pueblo adormecido, la verdadera modernización (Tamayo 1978: 184-185). Después de este acontecimiento surge una serie de cambios en todos los aspectos señalados y sobre todo repercute en el campo del turismo.

En este contexto pedimos hacer una digresión, para señalar que a estos acontecimientos se suma un detalle no muy percibido pero que fue muy importante para el beneficio turístico del Cuzco, lo cual es el rodaje de la película “El secreto de los incas” realizada en el año de 1954, teniendo como protagonista a Charlton Heston. Este filme fue dirigido por Jerry Hopper donde muestra a un Cusco antiguo, pero siempre espectacular. La Plaza de Armas, la Catedral, el Museo Inca, el Hotel Cusco, son escenarios del rodaje que concluye en Machupicchu (Salcedo 2012). Lo que se quiere rescatar de este film es justo lo que refiere Salcedo, ver a un Cuzco milenario, mágico y misterioso con bellos parajes que invita y seduce a propios y extraños a conocerla, además, nos atrevemos a decir que desde ya muestra la acogida a extranjeros y/o turistas. Este film al ser una producción de una de las empresas más prestigiosas de Hollywood la que es “La Metro Goldwyn Mayer” (MGM) fue expuesta a nivel internacional, promoviendo de manera inconsciente los atractivos turísticos del Cusco.

Retornado al contexto, la década de los cincuenta es crucial para el desarrollo turístico en la que se prestan servicios especiales y se prepara información adecuada para los visitantes, la evolución del flujo turístico al Cuzco se puede apreciar a partir de 1954, año en la que arribaron a la ciudad 6903 visitantes, de los que 40311 fueron extranjeros y 2692 nacionales (Flores 1996: 10), una característica importante del turismo, en tanto actividad comercial, es el hecho de que abrió un espacio en el que podían participar los cusqueños de todos los grupos sociales. Al comienzo del auge, los propietarios de las viejas casas que sobrevivieron al sismo sacaron ventaja de la fiebre por la construcción y transformaron sus mansiones en hoteles. De manera similar, los dueños de algunas chicherías y picanterías, remozaron sus paredes y se comprometieron a operar a estándares de la nueva clientela (De La Cadena 2004: 204), estas acciones fueron el principio del cambio social e infraestructura de la ciudad del Cusco.
           
            Para la década del sesenta, Valcárcel en sus memorias señala que sólo a partir de la década de 1960 el turismo invade el Cusco con la propaganda que se hizo en el exterior de las ruinas de Machu Picchu. A partir de entonces la afluencia de visitantes ha ido creciendo inconteniblemente, hasta alcanzar los límites actuales (Matos 1981: 43). En el año de 1963 el flujo de turistas se había incrementado a 35 767 (Flores 1996: 10). Esta década fue el inicio del afloramiento de turistas al Cusco, por lo que, en el año de 1965, el estado fomentó el turismo con el inicio del plan COPESCO, por cuyo intermedio financió la construcción de carreteas, implementó mejoras en el sistema eléctrico y ejecutó restauraciones arqueológicas (Chion 2009: 119). Estas acciones marcaron de manera definitiva el interés de la ciudad del Cuzco como potencial turístico.

            A principios de la década de 1970, el turismo se convirtió en una de las más importantes esperanzas para el desarrollo económico del Perú. Hasta la década anterior, el sector había demostrado un lento progreso. Durante la segunda mitad de la década de 1960 este proceso se aceleró (Gascón 2005: 51), de la misma manera Tamayo anuncia que a partir del inicio de la década del 70, Cuzco se ha transformado en una ciudad cosmopolita, donde extranjeros de todas las comarcas se mezclan con la población nativa. Donde estuvieron las casas de los señores tradicionales han surgido como por encanto decenas de hoteles, hostales y restaurantes. Todo el centro urbano del Cuzco de hoy, vive para y del turismo (Tamayo, 1078: 294), dentro de este proceso de crecimiento del turismo también se va segmentando dicho mercado, es así que en esta década se logró una creciente difusión, involucrando directamente a sectores sociales cada vez más amplios, cierta clase de turismo receptivo, al que se le concede las denominaciones de Turismo Místico o turismo Esotérico (Pilares 1992: 7). Es un hecho de que el turismo en esta década tuvo su mayor auge, difusión e inclusive se emprendía su segmentación, este apogeo duró hasta inicios la década de los ochenta.

            La década de los ochenta fue el debacle del turismo en el Perú porque se caracteriza por sucesos de violencia interna y la famosa recesión económica internacional, aunque este último es un elemento que hay que tener en cuenta, dice Gascón, el factor más importante fue el comienzo de la actividad guerrillera de Sendero Luminoso y del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, en la que en 1983 la afluencia turística llegó a los niveles del año 1977 (Gascón 2005: 51), claro está que en ésta década el número de visitantes disminuyó, hasta la década de los noventa, el turismo receptivo en Cusco ha seguido los ciclos económicos nacionales y el comportamiento del turismo a nivel nacional. Por un lado, ha tenido el perfil del largo plazo que el turismo receptivo nacional; es decir, crecimiento significativo entre 1976-1980, estancamiento y retroceso entre 1981-1993 y recuperación sostenida a partir de 1993. Por el otro, la crisis del sector entre 1989-1992 ha sido la más sentida en el Cusco; se hizo evidente en la vida nocturna cusqueña, con “calles normales” en torno al centro histórico, realidad que hoy es absolutamente diferente y muestra la recuperación del turismo (Mosqueira 1996: 35-36). A pesar de los aspectos negativos de la década del ochenta, en el año de 1983 fue declarada la ciudad del Cusco como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Chion 2009: 121). Lo que permitió su continua preferencia como destino turístico.

            Durante la década de los noventa la afluencia de turistas a la ciudad imperial del Cusco es constante, de manera que no sólo repercute en la zona urbana, sino también, en la zona rural aperturando el mercado a las comunidades andinas, razón por la cual en la actualidad se ofrecen distintos paquetes turísticos conocidos como el “turismo de aventura” en la que resalta el camino inca, “Machupicchu”, “City Tour”, “Valle Sagrado”, y el boom del “turismo vivencial”, el cual motiva a los comuneros andinos a poder adecuar sus viviendas para poder albergar a turistas que prefieran dicho rubro. Este fenómeno se puede apreciar en muchas comunidades campesinas de la Región Cusco, pero las comunidades aledañas al Valle Sagrado son las pioneras en realizar este tipo de actividad, un ejemplo claro son las comunidades de Ollantaytambo, en la cuenca del río Patacancha. Se puede notar que desde los años noventa la presencia de turistas es continua.
           
            Debemos tomar en cuenta que el turismo en la actualidad tiene un complejo sistema de operaciones financieras, sociales y culturales, por lo que constituye una compleja red relaciones sociales y financieras, donde interaccionan una serie de individuos e instituciones, por esta razón debe ser planificado, para poder evitar el deterioro de la Cultura Material e Inmaterial.

BIBLIOGRAFÍA

Angles Vargas, Víctor

1988        Historia del Cusco Incaico, Tomo I. Impreso en Industrial gráfica S.A. Lima.

Calvo C., Rossano
1999        Representación de la Urbe Andina Cusqueña en el Siglo XX. Municipalidad de Santiago, Cusco.

Chion, Miriam
2009        “Cambios en el centro histórico del Cuzco: espacios turísticos y espacios culturales”, en El Ombligo se pone Piercing: Identidad, patrimonio y cambios en el Cuzco. Centro Guaman Poma de Ayala.

Correa, José y Samanez, Roberto.
1977        “La ciudad del Cusco: análisis de su deterioro y acciones para su conservación”, en RUNA Revista del Instituto Nacional de Cultura, N° 2, Lima.

De La Cadena, Marisol
2004        Indígenas mestizos: raza y cultura en el Cusco. Instituto de Estudios Peruanos,                Lima.

Flores Nájar, Eldi
1994        “Notas para la Historia del Turismo en el Cuzco”, en Revista del Instituto Americano del Arte, N° 14, Cusco.

Flores Ochoa, Jorge A.
1996        “Buscando los Espíritus del Ande: turismo místico en Qosqo”, en Senri Ethnological Reports, National Museum of Ethnology, Osaka.
2005        Impacto social, cultural y ambiental del turismo. Informe de proyecto de investigación   FEDU 2003-2004, área de Ciencias Sociales, UNSAAC, Cusco.
2006        “Racionalidad e irracionalidad. Turismo en Cuzco”, En Revista Universitaria N°139. Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco.

Gascón, Jorge
2005        Gringos como en sueños: Diferenciación y conflicto campesinos en los Andes peruanos ante el desarrollo del turismo. Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

Kuon Arce, Elízabeth
1992        “El cuzco de los años veinte: una historia local”. En, El Qosqo: Antropología de la ciudad. Ministerio de Educación, Japón - Centro de Estudios Andinos Cuzco.

López Lenci, Yazmín
2004        El Cusco y los viajeros del 1900: Lugar, representación y conflicto. Revista Crónicas Urbanas Nº 9-10. Centro de Educación Comunicación "Guaman Poma de Ayala". Cusco.

Matos, José; Deustua, José y Rénique, José (Edit.) 
1981        Luis E. Valcárcel. Memorias. Instituto de Estudios Peruanos, Lima.

Mendoza, Zoila
2006        Crear y Sentir lo Nuestro: folclor, identidad regional y nacional en el Cuzco, Siglo XX. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Mosqueira Lovón, Guillermo
1996        Turismo y desarrollo en el Cusco. Revista Crónicas Urbanas Nº 5. Centro de Educación Comunicación "Guaman Poma de Ayala". Cusco.

Pilares Villa, Rubén.
1992        Turismo Místico, Parodia o Trascendencia. Instituto Andino de Estudios Tradicionales QOSQO. Editorial Mercantil.

Salcedo, José Víctor
2012        Cuando "Ben Hur" buscaba el tesoro inca en Machupicchu. La República
https://larepublica.pe/archivo/622737-cuando-ben-hur-buscaba-el-tesoro-inca-en-machupicchu

Tamayo Herrera, José
1978        Historia Social del Cuzco Republicano. Universidad de Lima.

Villegas Ormachea, Américo y Estrada Iberico, Enrique
1990        Centro Histórico de Cusco Rehabilitación Urbana y Vivienda. Editorial Universitaria Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco.