Cómo entender el “Patrimonio Cultural”
y su relación con el “Turismo”
Por:
Hugo Benny Elguera Mansilla
John Pavel Elguera Mansilla
«Para entender el
concepto de “patrimonio histórico” puede ser pertinente recordar de dónde
proviene el concepto de patrimonio, y cómo se entiende en el presente»
FERNANDO
FEDERICO FUJITA ALARCÓN, 2005.
El problema sobre el
patrimonio cultural radica en los complejos conceptos, debates y
convencionalismos que crean los especialistas que pertenecen al mundo académico.
A estos intelectuales no les interesa dar estos alcances al sector social, no
especializado o no académico de manera precisa y sencilla los conceptos y
definiciones que conforma estos conceptos complejos, además de relacionarlo al
sistema del mercado turístico. Por esta razón el propósito del ensayo es tratar
de sintetizar dichos alcances. En primer lugar, debemos entender de manera
concreta y precisa el surgimiento de la idea de “patrimonio” en un sentido
diacrónico, desde la acepción romana, hasta la experiencia francesa sobre la
conservación del “patrimonio cultural”, con algunas apreciaciones particulares
y en la actualidad desde el enfoque de la UNESCO. En segundo lugar, deberemos
precisar la idea del término “cultura” para poder comprender de mejor manera el
patrimonio cultural y luego entender de manera práctica las clasificaciones que
se establecen del patrimonio cultural. Para el tema de las clasificaciones se
utilizan los conceptos e ideas planteados por los especialistas de la UNESCO,
los cuales serán citados en la bibliografía. En tercer lugar, explicar de
manera breve la relación existente entre el patrimonio cultural y el turismo,
en el sentido de la venta de la cultura.
El origen del término “patrimonio”
se remota a la época del imperio romano, según la etimología proviene del latín
patrimonium o pater-monium, de pater o
padre, aquello que el padre deja al hijo (Aguirre 2007: 3), la acepción romana
del término patermoniun se entiende
como la legitimidad familiar que sostiene la herencia (Candau 2002: 88). Es por
esta razón, muchas veces se ha confundido el patrimonio con el parentesco
(González 2009: 17). Entonces, el patrimonio se concebía como lazos familiares
y la herencia de bienes materiales que dejan los padres a los hijos.
El siglo de las luces
fue fundamental para establecer las bases de la protección del patrimonio
cultural, especialmente con la Revolución Francesa, surge la necesidad de
administrar los bienes confiscados a los emigrados, medidas de prevención
contra el vandalismo considerado rápidamente como «la profanación del culto de
los recuerdos» (Candau 2002: 88-89). Después de la Revolución Francesa, la
noción de patrimonio empieza a tomar forma, sobre todo como forma de reacción
ante la destrucción de los bienes de la iglesia y de la nobleza (Segalen 2009:
43). La revolución desnaturalizó los objetos religiosos al transformarlos en
simples obras de arte (Candau 2002: 89). En 1790 se crea una comisión de los
monumentos y las artes para inventariar y conocer esos bienes, tratando de
conservar las obras del pasado para crear un conjunto de referencias comunes al
pueblo. En la historia de la protección al patrimonio cultural en Francia, se
cita siempre la ley de 1832 como fundadora de la política de selección y
conservación de los monumentos históricos, también se crearon leyes que
consolidaron dicha iniciativa legal, en el transcurso del siglo XIX hasta los
años 1970, en la actualidad dicha ley señala: Es el Estado y solamente el
Estado quien expresa la memoria de la Nación identificando objetos, monumentos
y paisajes como patrimoniales, ya que por medio del Ministerio de Cultura es
quien detenta el patrimonio de los procedimientos de clasificación (Segalen
2009: 43). Podemos apreciar de manera breve la experiencia francesa sobre la
protección del patrimonio cultural, la cual, nos ayuda a comprender el largo
proceso que tuvo la humanidad para tomar conciencia y establecer leyes sobre la
protección del patrimonio cultural a nivel mundial.
Ahora de manera general
daremos algunos alcances particulares que consideramos importantes de la concepción
moderna del “patrimonio”. Según André Chastel, la concepción moderna del patrimonio es, «el
vínculo electivo con ciertas huellas del pasado o ciertas herencias que se
relacionan tanto con lo material cuanto con lo ideal; tanto con lo cultural,
cuanto con lo natural» (Candau 2002: 88). Beatriz Aguirre acotando a esta
propuesta, hace referencia a «un conjunto de bienes heredados del pasado, a la
propiedad de éstos recibidos de nuestros antepasados y a la transmisibilidad de
los mismos. Del patrimonio se contraen obligaciones que cada generación debe
asumir para ponerlo en presente, esto es, entender que existe en un momento una
comunidad que comparte un determinado pasado. Es por lo tanto un proceso de
búsqueda de raíces, de una identidad, y la contribución de sentido se encuentra
en el diálogo donde se enfrentan distintos actores que deciden construir algo
en común» (Aguirre 2007: 3-4). Dichas propuestas refieren a los bienes o
propiedades heredadas del pasado, no solo materiales, sino naturales y
culturales, además podemos notar, que la idea de cultura y la noción de
identidad ya están presentes.
En la actualidad, las
conceptualizaciones y los debates efectuados sobre el “patrimonio cultural” y
su conservación continúan, cada vez más complicado y sin precisión. Debido a
estos problemas se crea organismos internacionales para mediar estos debates, pero,
pese a la creación de estas organizaciones internacionales y las propuestas
conceptuales y legales no logra esclarecer el panorama.
Veremos las propuestas de una de las organizaciones internacionales que
se ocupa de la identificación, clasificación, protección y conservación del
Patrimonio Mundial, nos referimos, a la Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). «En 1972 la conferencia
nacional de la UNESCO aprobó la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial,
Cultural y Natural con el fin de salvaguardar aquellos elementos naturales
(parques nacionales, parajes naturales) y culturales (monumentos) que
constituyen por su excepcional valor un “patrimonio común de la humanidad”. La
Convención vigente desde 1975, cuenta con un Fondo del Patrimonio Mundial,
financiado por los países miembros, y con un Comité internacional. Este Comité
Se encarga de elaborar la lista del patrimonio mundial, en la que se registran
los bienes culturales y naturales que por su valor universal deben ser
protegidos» (Vidal 2009: 11870). Esta organización está conformada por
especialistas que están encargados de proponer los conceptos académicos y las
leyes sobre la protección, conservación y clasificación del patrimonio mundial,
en sus convenciones ordinarias o extraordinarias.
La Convención sobre la
Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, llevado a cabo en París
el 23 de noviembre de 1972, organizado por la UNESCO, en su primer artículo sobre
las definiciones, considera como patrimonio cultural: primero, los monumentos,
que vienen a ser obras arquitectónicas, de escultura o de pinturas
monumentales, elementos o estructuras de carácter arqueológico, inscripciones,
cavernas y grupos de elementos, que tengan un valor universal excepcional desde
el punto de vista de la historia del arte o de la ciencia. Segundo, los
conjuntos, grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura,
unidad e integración en el paisaje les dé un valor universal excepcional desde
el punto de vista de la historia del arte o de la ciencia. Tercero, los
lugares, obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza, así
como las zonas, incluidos los lugares arqueológicos que tengan un valor
universal excepcional desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o
antropológico. Esta convención se aprobó en la decimosexta reunión, el 16 de
diciembre de 1972 y entró en vigor el 17 de diciembre de 1975. Como podemos
observar las propuestas mencionadas anteriormente por la convención, no define ni
precisa el terminó patrimonio cultural, sólo indica las cosas u objetos
valorados que lo conforman; como advertimos, pese a la creación de las
organizaciones internacionales y convenciones realizadas no esclarecen la
definición o el concepto de “patrimonio cultural”.
Algunos especialistas
en el tema como Fielden y Jokilehto, en su trabajo sobre el Manejo de los
Sitios Culturales del Patrimonio Mundial, publicada por el Centro Internacional de Estudios para la
Preservación y Restauración de Bienes Culturales (ICCROM), respecto al concepto
moderno de Patrimonio Cultural refieren que, «está relacionado con la totalidad
de las construcciones y debe considerarse dentro del contexto ecológico mundial;
bajo estas premisas, los sitios en la Lista del Patrimonio Mundial se
distinguen por su destacado valor universal». Además, la tendencia actual es la
de entender el patrimonio cultural en su sentido más amplio, abarcando y
registrando todas las actividades y logros de los seres humanos a través del
tiempo. Por consiguiente, el patrimonio cultural «consiste en una variedad de
bienes, que se relacionan con diferentes ambientes: incluyen no solo monumentos
importantes, áreas históricas y jardines, sino también el entorno construido
por el hombre como un todo» (Fielden y Jokilehto 1995: 29-30). En dicha
propuesta se puede entender que el patrimonio cultural se considera en sentido
amplio, abarcando todas las actividades y logros de los seres humanos a través
de la historia; además, que consiste en una variedad de bienes creados por el
hombre, con la idea subyacente de cultura material e inmaterial, la cual se
tratará más adelante.
Podríamos citar un sin fin de propuestas que definen o conceptualizan el
“patrimonio cultural”, pero sería una tarea de nunca acabar. El objetivo es
presentar un escrito que sea de fácil entendimiento para los lectores no
especializados, de modo que puedan entender de manera clara y sencilla los
conceptos básicos de “patrimonio cultural” con todas sus categorías.
Antes de profundizar en el tema, debemos tomar en cuenta, ¿Cómo estamos
entendiendo el término de “cultura”? El problema del entendimiento de
“patrimonio cultural” radica en el uso adecuado de dicho término. La definición
de cultura se debe entender desde dos perspectivas: en primer lugar, el uso del
lenguaje cotidiano propuesta por los diccionarios escolares o enciclopédicos y;
en segundo lugar, desde la perspectiva de las Ciencias Sociales, propiamente de
la Antropología.
En la primera perspectiva, “cultura” se define como: instrucción,
ilustración, sabiduría resultante de haber ejercitado el hombre su
entendimiento en cultivar los conocimientos humanos (Sopena1974: 990), o
conjunto de producciones específicas del hombre en cuanto a ser dotado de
creación, que transforman tanto al propio hombre como al entorno (Vidal 2009:
4155). Esta definición sencilla de “cultura”, para muchos es poseer un
conocimiento ilustrada o ser una persona leída; también tener una buena
educación en instituciones prestigiosas; tener todos los conocimientos y
prácticas del manual de urbanidad, es decir,
conocer y practicar los buenos modales en todos los aspectos de la vida
diaria; ser conocedor de música clásica o tocar un instrumento relativo a ella;
tener conocimiento de obras de arte clásico o moderno, o ser una persona
elocuente en público o privado. Todos estos aspectos son conocidos como “cultura”
y aquel que practica cualquiera de esas virtudes, “es un hombre culto”.
En la perspectiva de la antropología el planteamiento es diferente,
existe muchas teorías propuestas y al respecto debates interminables, por lo
que tomaremos una definición sencilla y generalizadora que se aplique a nuestro
enfoque. Entonces, “cultura” es, todo lo que es socialmente transmitido,
incluyendo los modos de vida o patrones de conducta, sistema de valores,
conocimientos, creaciones y expresiones artísticas, ideológicas, instituciones,
realizaciones materiales, etc., entre ellas naturalmente las técnicas para
dominar el medio; son los modos de vida peculiares de una sociedad, de un
grupo, o de dos o más sociedades o grupos concretos, en una o en diferentes
épocas, en uno o en diferentes lugares; también se refiere a formas especiales
de comportamiento características de los diversos agregados, segmentos o estratos
de una sociedad vasta y de organización compleja (Silva 1998: 195). En otras
palabras, “cultura” es todo lo que crea el hombre ya sea material o inmaterial,
para poder vivir en sociedad de manera organizada para adaptarse al medio
ambiente, resolver sus problemas, satisfaciendo sus necesidades y sobre todo
transmitir sus conocimientos de generación en generación. Al respecto, cabe
mencionar la propuesta de Ralph Linton cuando dice que, «toda sociedad posee
una cultura, por muy sencilla que sea y todo ser humano es culto en el sentido
de que es portador de una u otra cultura» (Linton 1960: 44). Desde esta
perspectiva antropológica, todo hombre que habita la tierra es “culto”, porque
crea, tiene, posee o porta una u otra cultura.
La UNESCO, propone también
su propia definición: «La cultura es el conjunto de los rasgos distintivos
espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una
sociedad o a un grupo social y que abarcan, además de las artes y las letras,
los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las
tradiciones y las creencias». En este sentido, el «“patrimonio cultural” no se
limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también
tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y
transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo,
usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a
la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía
tradicional»; todo lo que se conocía y conoce cotidianamente como folklore. Lo
planteado por la UNESCO, se refiere a la cultura inmaterial e inmaterial.
Teniendo las ideas básicas de lo que es “cultura” y “patrimonio
cultural”, daremos a conocer de manera sencilla sus categorizaciones. Debido a
sus imprecisiones conceptuales, como ya advertimos líneas arriba, mostraremos con
ejemplos para su fácil entendimiento. Debemos advertir que, la clasificación
que realizaremos es totalmente arbitraria, porque el objetivo no es entrar en
el debate y las discusiones confusas respecto al tema, sino facilitar su
entendimiento.
De acuerdo a la propuesta de la UNESCO, el patrimonio cultural puede ser
clasificado en dos grandes sistemas: el Tangible y el Intangible.
El “Patrimonio Cultural Tangible”, es la manifestación de las culturas a
través de realizaciones cuya materialidad se sostiene en el tiempo. Esta
definición está relacionada directamente con la idea de “patrimonio cultural
material”, es decir, “cultura material”. A su vez, el Patrimonio Tangible puede
ser dividido en Mueble e Inmueble. El
“Patrimonio Tangible Inmueble”, está constituido por edificios, obras de
ingeniería, sitios arqueológicos que poseen especial interés o que atesoran
valores históricos, arquitectónicos, artísticos, tecnológicos, ambientales,
reconocidos o registrados como tales, cuya característica es el inseparable
arraigo al terreno, ya por la envergadura de su porte, o por el carácter que
las une indisolublemente con el entorno. El “Patrimonio Tangible mueble”, considerado
como todo aquello fácilmente trasportable, está representado por obras que pueden
ser trasladadas de un lugar a otro, por ejemplo, las vajillas, las joyas, los
utensilios de cocina, los aperos, las chakitaqllas, los instrumentos de
labranza en general, que se hayan heredado y sean móviles.
El “Patrimonio Cultural
Intangible”, está relacionado a la idea de patrimonio cultural inmaterial. Por
lo tanto, el “patrimonio cultural inmaterial” es tradicional, contemporáneo y
viviente a un mismo tiempo, quiere decir que, no solo incluye tradiciones
heredadas del pasado, sino también usos (ejercicios y prácticas) rurales y
urbanos contemporáneos característicos de diversos grupos culturales; es
integrador, porque contribuye a la
cohesión social fomentando un sentimiento de identidad y responsabilidad que
ayuda a los individuos a sentirse miembros de una o varias comunidades y de la
sociedad en general; es representativo, porque se valora de acuerdo a como los
conocimientos de las tradiciones, técnicas y costumbres se transmiten al resto
de la comunidad, de generación en generación, o también a otras comunidades y;
está basado en la comunidad, porque solo puede ser reconocido por las
comunidades, grupos o individuos que lo crean, mantienen y transmiten. Sin este
reconocimiento, nadie puede decidir por ellos que una expresión o un uso determinado
forman parte de su patrimonio. En términos más sencillos, se dice que es
aquello que no podemos tocar o guardar físicamente, pero que se encuentra
presente en el nivel moral o espiritual de las sociedades. Se expresa por medio
del idioma, de la educación recibida en el espacio doméstico o por la
instrucción de los centros de enseñanza. Por ejemplo, las costumbres, la
gastronomía, las tradiciones y leyendas, la música y danzas, entre otros.
Lo señalado es una síntesis de todo un proceso de debates y convenciones
de los conceptos de patrimonio cultural en sus dos categorizaciones más
generales. Además, que clasifican dicho patrimonio de acuerdo a las características
geográficas o aspectos socioculturales. Estos se clasifican en patrimonio histórico,
patrimonio arqueológico, patrimonio documental, patrimonio industrial,
patrimonio cultural subacuático, patrimonio cultural artístico, patrimonio
gastronómico y otros. Como podemos contemplar la diversidad del patrimonio
cultural y sus múltiples expresiones, nos crea opciones para poder explotarlos
en todos los sentidos.
Efectivamente, el patrimonio cultural en todas sus expresiones y
diversificación resulta ser un recurso para la sociedad. En este sentido, el
patrimonio no sólo se hereda sino, constituye un recurso cultural, social y
económico, y de acuerdo a sus características especiales de gran contenido
histórico y significativo, debe ser puesto en valor, siempre bajo principios
basados en el respeto de sus características, es decir, mantener su
autenticidad.
El patrimonio cultural
asumido especialmente como un recurso con potencial económico, se debe mejorarlo,
incrementarlo y publicitarlo por lo que es fundamental la adecuada
administración por parte del Estado, las instituciones públicas y privadas. Y, asumido
como recurso social, se debe tratarlo como parte de la historia para fortalecer
la identidad de los ciudadanos, esto compete especialmente al sector educativo.
En ambos casos se debe tomar en cuenta la responsabilidad de protegerlo, debido
a que el patrimonio cultural material e inmaterial es sumamente frágil y están
expuestos a una serie de peligros y amenazas, no solo naturales, sino por las
propias acciones humanas.
Ya que el patrimonio cultural es asumido como recurso con potencial
económico, la manera más indicada de explotarlo es, ofrecerlo al mercado
turístico. Además, este mercado tiene diversidad de estrategias, promociones y
ofertas de acuerdo a los intereses de los clientes (turistas), por lo cual
existe una gama de posibilidades de elegir paquetes turísticos como el turismo
cultural, ecológico, recreacional, de aventura y muchos más. En este caso nos
centraremos en el “turismo cultural”, porque está relacionado a la oferta del
patrimonio cultural. En este sentido, reafirmamos lo mencionado en la parte
introductoria, de que el patrimonio cultural como recurso económico es ofrecido
al mercado turístico, como oferta de la cultura o venta de la cultura.
Ahora lo importante es establecer la relación entre el patrimonio
cultural y el turismo. Para esto en primer lugar, daremos un alcance breve de
lo que entendemos por turista y turismo. En segundo lugar, trataremos del
turismo cultural y sus objetivos. Todo ello nos permitirá establecer la
relación con el patrimonio cultural.
Bien es cierto que, el fenómeno del turismo en el plano académico
también ha tenido debates interminables hasta la actualidad. Además, que ha
sido estudiado por muchas disciplinas como los señala A. Otamendi, «como
fenómeno sociocultural, industria, o desplazamiento de personas, el turismo fue
tomado como objeto de estudio de varias disciplinas tales como la sociología,
la economía, la geografía, la antropología, la comunicación social, entre otras»
(Otamendi 2009: 194). Debido a esto se difunde una gran cantidad de conceptos,
definiciones y aplicaciones desde varios puntos de vista que generan los
debates, por esta razón, daremos a conocer de manera precisa y entendible
algunas concepciones.
Uno de los primeros alcances lo tomaremos desde la antropología, según
V. Smith en el que infiere que: «el turismo es difícil de definir porque los
viajeros de negocios y los que asisten a asambleas y congresos pueden
aprovechar estos viajes para dedicarse a actividades de tipo turístico; en
general, puede decirse que el turista es una persona que tiene tiempo libre en
un momento determinado y lo utiliza para visitar voluntariamente algún lugar
alejado de su lugar de residencia con el objeto de cambiar de ambiente» (Smith
1989: 15). Este planteamiento señala que, cualquier persona puede viajar por
muchos motivos y si tiene tiempo disponible lo puede emplear en algunas
actividades recreacionales o turísticas. También se puede notar las ideas de
tiempo libre, ocio y otro ambiente fuera del lugar de residencia, como
característica fundamental de la actividad turística. Además, el turismo tal y
como lo entendemos hoy, dice A. Santana «tiene su origen en la curiosidad, el
esnobismo, la enfermedad y la búsqueda de climas diferentes (no siempre
benignos), pero logra establecerse cuando unas personas emprendedoras comienzan
a cobrar por prestar servicio que no sólo facilita el desplazamiento, sino que,
además, lo decora con actividades concretas» (Santana 1997: 20). Lo que quiere
decir que, los estímulos o motivaciones de las personas no son la única razón
del turismo, sino que se necesita de los agentes que ofertan dichos servicios,
para que este mercado tenga la dinámica que lo caracteriza.
Una de las definiciones que propone la Organización Mundial del Turismo
(OMT) en 1994, plantea lo siguiente: «El turismo comprende las actividades que
realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de
su entorno habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año con
fines de ocio, por negocios y otros» (Sancho 1998: 46). Esta definición no es
precisamente generalizadora, además que existen debates al respecto y trataremos
de no entrar en ello. También se contemplan que existen términos claves que
siempre han estado relacionados: el ocio (tiempo libre para el descanso), la
recreación (momento de relajación o entretenimiento) y el viaje (pasar un
tiempo fuera del lugar de residencia), como parte esencial del turismo, pero no
son los únicos motivos para realizar “viajes”, existen muchos otros como
negocios, conferencias, tratamientos médicos, creencias religiosas, eventos
deportivos, estudio y visitas a familiares y amigos, muchos más. Todas estas
posibles razones están consideradas dentro de la definición de turismo de la
OMT.
Lo que caracteriza al turismo son las decisiones o elecciones que toma
el cliente de la diversidad de paquetes turísticos ofrecidos por dicho mercado,
asimismo, el destino fuera del lugar de residencia por un cierto tiempo, por lo
que estará frente a otra cultura diferente a la suya. Entonces, de acuerdo a
Greg Richards «todas las actividades turísticas incluyen algún elemento
cultural, sea la visita de un sitio o acontecimiento específicamente cultural o
simplemente empaparse del “ambiente” de un destino turístico desde la terraza
de un café, existe la tentación de ver todo el turismo como “turismo cultural”».
Además, «no todo el consumo cultural de los turistas viene por motivaciones
culturales: muchos viajes a acontecimientos culturales o lugares de interés
cultural tienen la cultura como segundo objetivo» (Richards 2004: 1). Lo que Richards
manifiesta es que cuando una persona va a visitar otro espacio ajeno a su
realidad, prácticamente se encuentra frente a otra cultura, a pesar que los
motivos del viaje no sea precisamente hacer turismo o específicamente turismo
cultural.
A partir de aquí, estableceremos algunas ideas y propuestas referidas al
turismo cultural, cuyo objetivo es observar y conocer los monumentos
históricos, expresiones artísticas, tecnológicas, etc., también el modo de vida
y las expresiones de culturas tradicionales, consideradas como exóticas.
El turismo cultural, en términos de Smith «abarca lo “pintoresco” o el “color
local”, los vestigios de una vida en proceso de extinción que permanece en la
memoria humana con sus casas “anticuadas” sus tejidos artesanales, sus carros,
carretas arados tirados por caballos o bueyes, y sus artesanías y trabajos
manuales ajenos a todas las técnicas industriales. Entre las actividades de
este tipo de turismo suelen incluirse las comidas en posadas rústicas,
espectáculos folclóricos, los festivales vinícolas con atavíos típicos u los
rodeos que recuerden al lejano oeste» (Smith 1989: 21). Lo mencionado por
Smith, está referido a los turistas que visitan sociedades tradicionales, con
culturas conocidas como “popular”, como único aspecto del turismo cultural.
A esto se suma la idea de la alta cultura, monumentos y sitios
históricos como el objetivo de un turista que opta por el turismo cultural, es
decir, la finalidad del turista es visitar otras sociedades consideradas como
alta cultura o culturas clásicas y también la cultura popular, con el objeto de
conocer y aprender todo lo que pueda en ese corto tiempo. Según N. Fuller el
turismo cultural tiene como objetivo «el conocimiento de los monumentos y
sitios históricos-artísticos, y de las manifestaciones inmateriales como
conocimientos tradicionales, estilos de vida, tradiciones, etc. los que los practican
buscan informarse lo mejor posible sobre su destino y, una vez en él, lo
observan y lo fotografían mientras participan de sus comidas, de sus fiestas
populares y de otras actividades de esta índole» (Fuller 2009: 39). Lo
propuesto por Fuller, como mencionamos anteriormente, el conocer, aprender y
registrar los lugares y monumentos históricos, artes clásicas y modernas, o
cualquier manifestación cultural de una sociedad tradicional, son los
principales objetivos de los turistas que prefieren el turismo cultural.
Al respecto, Richards considera que «el turismo cultural son “esas
motivaciones culturales” que tienen las personas para poder realizar un viaje,
con esto quiere decir que la motivación más importante es “aprender cosas
nuevas”», también señala que «la cultura parece tener un papel importante en la
satisfacción que la gente consigue al viajar, lo cual no es sorprendente si
tenemos en cuenta que “explorar otras culturas” fue la motivación más
importante» (Richards 2004: 5). Es decir, para muchas de las personas que prefieren el turismo
cultural, su deseo de conocer y aprender de otras culturas son sus motivaciones
principales. Continuando con Richards, acota que «en la actualidad cabe
mencionar que muchas personas se han convertido en “omnívoros culturales” que
combinan la “alta” cultura tradicional (como museos, ópera y galerías de arte)
con la cultura “popular” (como la música pop, el deporte y los parques
temáticos)» (Richards 2004: 13). La propuesta nos da a entender, que la necesidad y el deseo de
aprender en ciertas personas, son los estímulos más importantes que cualquier
otro tipo de diversión, por lo cual eligen este tipo de paquete turístico. A
nuestro parecer las propuestas de Richards son las más modernas y coherentes,
respecto a lo que se debe entender el “turismo cultural”.
Ahora lo importante, es establecer las relaciones existentes entre
patrimonio cultural y turismo cultural de manera precisa y sencilla, por lo que
conviene relacionarlo también con la cultura o mejor dicho con la venta de la
cultura.
M. Barreto señala que, «el turismo puede ser un medio eficaz para la
preservación del patrimonio» (Barreto 2007: 57-58), dicha propuesta tiene un
tono limitante, debido a que el turismo “podría” ser el factor que induzca a la
protección del patrimonio cultural, de hecho que, su promoción y oferta al
mercado turístico producen dichas políticas de protección y conservación, pero
se debe tomar en cuenta que, el patrimonio cultural sufre deterioro por
factores climáticos y acciones humanas. Especialmente la frecuente presencia de
personas (turistas) son las que causa mayor daño, si es que no se establecen
normas adecuadas para la protección.
En esta misma lógica, para H. Dogan «El turismo contribuye a la
revitalización de las culturas tradicionales, porque la necesidad de preservar,
mostrar y adornar y potenciar los recursos culturales, sólo surge cuando existe
la oportunidad de mostrar esos recursos a los otros» (Dogan 1989: 223, en
Barreto 2007: 132). Lo señalado por Dogan quiere decir que, el turismo es el
ente que incentiva a los pobladores de las sociedades tradicionales a crear
políticas de conservación, decoración, publicidad y potencializar económicamente
los recursos culturales, es decir, ofertar los patrimonios culturales al
mercado turístico, para que generen divisas a la población local, claro está
que se refiere al aspecto económico.
Asimismo, N. Salazar refiere que, «El turismo se legitima parcialmente
por sus demandas de conservación de las tradiciones y preservación de las
culturas, especialmente en sociedades cuyas identidades culturales reflejan una
historia de larga data, ininterrumpida y una sólida continuidad» (Salazar
2006:109). Prácticamente la propuesta confirma las posturas anteriores, donde
el turismo es el motor que genera todo este proceso de gestión, protección,
promoción y conservación del patrimonio cultural, pero como dice de manera parcial,
porque la masificación de turistas también va generar el deterioro.
Muchos se refieren al turismo cultural como el reencuentro con el pasado,
de modo que podemos decir, es el reencuentro con nuestro patrimonio cultural.
Tal es la motivación en muchas personas o el deseo de conocer no solo su
patrimonio, sino, otros patrimonios culturales, por lo cual debemos tomarlo en
cuenta como un indicador, para adquirir nociones y conciencia de la protección,
conservación, información y publicidad adecuada de nuestro patrimonio cultural,
no solo como recurso económico, sino también como recurso social. Además, tomando
en cuenta su sostenibilidad, en el sentido de un imperativo moral cuya función
es la de guiar las acciones humanas en aras de garantizar la conservación de
los recursos para futuras generaciones, es decir, debemos conservar nuestro
patrimonio tal y como está para que puedan gozar de él las futuras
generaciones.
A manera de conclusión, cabe recalcar que para entender el patrimonio
cultural es necesario conocer el origen de dicho término y el proceso histórico
que llevó tomar conciencia de ello, luego, considerar las propuestas de las
instituciones mundiales y concepciones particulares respecto al patrimonio en
sus definiciones y clasificaciones, para poder generar el debate, y poder tener
nuestras propias propuestas; finalmente, debemos tener clara la idea de que el patrimonio
cultural es siempre un recurso económico, que es ofrecido al mercado turístico,
y un recurso social para la Nación que la posea, el cual debe coadyuvar a
forjar la identidad de las naciones, en ambos casos conviene protegerlo y
conservarlo, es decir debe ser sostenible.
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