martes, 13 de noviembre de 2018


Cómo entender el “Patrimonio Cultural” y su relación con el “Turismo”

Por:
Hugo Benny Elguera Mansilla
John Pavel Elguera Mansilla

«Para entender el concepto de “patrimonio histórico” puede ser pertinente recordar de dónde proviene el concepto de patrimonio, y cómo se entiende en el presente»

FERNANDO FEDERICO FUJITA ALARCÓN, 2005.

            El problema sobre el patrimonio cultural radica en los complejos conceptos, debates y convencionalismos que crean los especialistas que pertenecen al mundo académico. A estos intelectuales no les interesa dar estos alcances al sector social, no especializado o no académico de manera precisa y sencilla los conceptos y definiciones que conforma estos conceptos complejos, además de relacionarlo al sistema del mercado turístico. Por esta razón el propósito del ensayo es tratar de sintetizar dichos alcances. En primer lugar, debemos entender de manera concreta y precisa el surgimiento de la idea de “patrimonio” en un sentido diacrónico, desde la acepción romana, hasta la experiencia francesa sobre la conservación del “patrimonio cultural”, con algunas apreciaciones particulares y en la actualidad desde el enfoque de la UNESCO. En segundo lugar, deberemos precisar la idea del término “cultura” para poder comprender de mejor manera el patrimonio cultural y luego entender de manera práctica las clasificaciones que se establecen del patrimonio cultural. Para el tema de las clasificaciones se utilizan los conceptos e ideas planteados por los especialistas de la UNESCO, los cuales serán citados en la bibliografía. En tercer lugar, explicar de manera breve la relación existente entre el patrimonio cultural y el turismo, en el sentido de la venta de la cultura.
           
            El origen del término “patrimonio” se remota a la época del imperio romano, según la etimología proviene del latín patrimonium o pater-monium, de pater o padre, aquello que el padre deja al hijo (Aguirre 2007: 3), la acepción romana del término patermoniun se entiende como la legitimidad familiar que sostiene la herencia (Candau 2002: 88). Es por esta razón, muchas veces se ha confundido el patrimonio con el parentesco (González 2009: 17). Entonces, el patrimonio se concebía como lazos familiares y la herencia de bienes materiales que dejan los padres a los hijos. 
           
            El siglo de las luces fue fundamental para establecer las bases de la protección del patrimonio cultural, especialmente con la Revolución Francesa, surge la necesidad de administrar los bienes confiscados a los emigrados, medidas de prevención contra el vandalismo considerado rápidamente como «la profanación del culto de los recuerdos» (Candau 2002: 88-89). Después de la Revolución Francesa, la noción de patrimonio empieza a tomar forma, sobre todo como forma de reacción ante la destrucción de los bienes de la iglesia y de la nobleza (Segalen 2009: 43). La revolución desnaturalizó los objetos religiosos al transformarlos en simples obras de arte (Candau 2002: 89). En 1790 se crea una comisión de los monumentos y las artes para inventariar y conocer esos bienes, tratando de conservar las obras del pasado para crear un conjunto de referencias comunes al pueblo. En la historia de la protección al patrimonio cultural en Francia, se cita siempre la ley de 1832 como fundadora de la política de selección y conservación de los monumentos históricos, también se crearon leyes que consolidaron dicha iniciativa legal, en el transcurso del siglo XIX hasta los años 1970, en la actualidad dicha ley señala: Es el Estado y solamente el Estado quien expresa la memoria de la Nación identificando objetos, monumentos y paisajes como patrimoniales, ya que por medio del Ministerio de Cultura es quien detenta el patrimonio de los procedimientos de clasificación (Segalen 2009: 43). Podemos apreciar de manera breve la experiencia francesa sobre la protección del patrimonio cultural, la cual, nos ayuda a comprender el largo proceso que tuvo la humanidad para tomar conciencia y establecer leyes sobre la protección del patrimonio cultural a nivel mundial.
           
            Ahora de manera general daremos algunos alcances particulares que consideramos importantes de la concepción moderna del “patrimonio”. Según André Chastel, la concepción moderna del patrimonio es, «el vínculo electivo con ciertas huellas del pasado o ciertas herencias que se relacionan tanto con lo material cuanto con lo ideal; tanto con lo cultural, cuanto con lo natural» (Candau 2002: 88). Beatriz Aguirre acotando a esta propuesta, hace referencia a «un conjunto de bienes heredados del pasado, a la propiedad de éstos recibidos de nuestros antepasados y a la transmisibilidad de los mismos. Del patrimonio se contraen obligaciones que cada generación debe asumir para ponerlo en presente, esto es, entender que existe en un momento una comunidad que comparte un determinado pasado. Es por lo tanto un proceso de búsqueda de raíces, de una identidad, y la contribución de sentido se encuentra en el diálogo donde se enfrentan distintos actores que deciden construir algo en común» (Aguirre 2007: 3-4). Dichas propuestas refieren a los bienes o propiedades heredadas del pasado, no solo materiales, sino naturales y culturales, además podemos notar, que la idea de cultura y la noción de identidad ya están presentes.
           
            En la actualidad, las conceptualizaciones y los debates efectuados sobre el “patrimonio cultural” y su conservación continúan, cada vez más complicado y sin precisión. Debido a estos problemas se crea organismos internacionales para mediar estos debates, pero, pese a la creación de estas organizaciones internacionales y las propuestas conceptuales y legales no logra esclarecer el panorama.
           
Veremos las propuestas de una de las organizaciones internacionales que se ocupa de la identificación, clasificación, protección y conservación del Patrimonio Mundial, nos referimos, a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). «En 1972 la conferencia nacional de la UNESCO aprobó la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural con el fin de salvaguardar aquellos elementos naturales (parques nacionales, parajes naturales) y culturales (monumentos) que constituyen por su excepcional valor un “patrimonio común de la humanidad”. La Convención vigente desde 1975, cuenta con un Fondo del Patrimonio Mundial, financiado por los países miembros, y con un Comité internacional. Este Comité Se encarga de elaborar la lista del patrimonio mundial, en la que se registran los bienes culturales y naturales que por su valor universal deben ser protegidos» (Vidal 2009: 11870). Esta organización está conformada por especialistas que están encargados de proponer los conceptos académicos y las leyes sobre la protección, conservación y clasificación del patrimonio mundial, en sus convenciones ordinarias o extraordinarias.

            La Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, llevado a cabo en París el 23 de noviembre de 1972, organizado por la UNESCO, en su primer artículo sobre las definiciones, considera como patrimonio cultural: primero, los monumentos, que vienen a ser obras arquitectónicas, de escultura o de pinturas monumentales, elementos o estructuras de carácter arqueológico, inscripciones, cavernas y grupos de elementos, que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia del arte o de la ciencia. Segundo, los conjuntos, grupos de construcciones, aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje les dé un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia del arte o de la ciencia. Tercero, los lugares, obras del hombre u obras conjuntas del hombre y la naturaleza, así como las zonas, incluidos los lugares arqueológicos que tengan un valor universal excepcional desde el punto de vista histórico, estético, etnológico o antropológico. Esta convención se aprobó en la decimosexta reunión, el 16 de diciembre de 1972 y entró en vigor el 17 de diciembre de 1975. Como podemos observar las propuestas mencionadas anteriormente por la convención, no define ni precisa el terminó patrimonio cultural, sólo indica las cosas u objetos valorados que lo conforman; como advertimos, pese a la creación de las organizaciones internacionales y convenciones realizadas no esclarecen la definición o el concepto de “patrimonio cultural”.
           
            Algunos especialistas en el tema como Fielden y Jokilehto, en su trabajo sobre el Manejo de los Sitios Culturales del Patrimonio Mundial, publicada por el Centro  Internacional de Estudios para la Preservación y Restauración de Bienes Culturales (ICCROM), respecto al concepto moderno de Patrimonio Cultural refieren que, «está relacionado con la totalidad de las construcciones y debe considerarse dentro del contexto ecológico mundial; bajo estas premisas, los sitios en la Lista del Patrimonio Mundial se distinguen por su destacado valor universal». Además, la tendencia actual es la de entender el patrimonio cultural en su sentido más amplio, abarcando y registrando todas las actividades y logros de los seres humanos a través del tiempo. Por consiguiente, el patrimonio cultural «consiste en una variedad de bienes, que se relacionan con diferentes ambientes: incluyen no solo monumentos importantes, áreas históricas y jardines, sino también el entorno construido por el hombre como un todo» (Fielden y Jokilehto 1995: 29-30). En dicha propuesta se puede entender que el patrimonio cultural se considera en sentido amplio, abarcando todas las actividades y logros de los seres humanos a través de la historia; además, que consiste en una variedad de bienes creados por el hombre, con la idea subyacente de cultura material e inmaterial, la cual se tratará más adelante.
           
Podríamos citar un sin fin de propuestas que definen o conceptualizan el “patrimonio cultural”, pero sería una tarea de nunca acabar. El objetivo es presentar un escrito que sea de fácil entendimiento para los lectores no especializados, de modo que puedan entender de manera clara y sencilla los conceptos básicos de “patrimonio cultural” con todas sus categorías.

Antes de profundizar en el tema, debemos tomar en cuenta, ¿Cómo estamos entendiendo el término de “cultura”? El problema del entendimiento de “patrimonio cultural” radica en el uso adecuado de dicho término. La definición de cultura se debe entender desde dos perspectivas: en primer lugar, el uso del lenguaje cotidiano propuesta por los diccionarios escolares o enciclopédicos y; en segundo lugar, desde la perspectiva de las Ciencias Sociales, propiamente de la Antropología.
           
En la primera perspectiva, “cultura” se define como: instrucción, ilustración, sabiduría resultante de haber ejercitado el hombre su entendimiento en cultivar los conocimientos humanos (Sopena1974: 990), o conjunto de producciones específicas del hombre en cuanto a ser dotado de creación, que transforman tanto al propio hombre como al entorno (Vidal 2009: 4155). Esta definición sencilla de “cultura”, para muchos es poseer un conocimiento ilustrada o ser una persona leída; también tener una buena educación en instituciones prestigiosas; tener todos los conocimientos y prácticas del manual de urbanidad, es decir,  conocer y practicar los buenos modales en todos los aspectos de la vida diaria; ser conocedor de música clásica o tocar un instrumento relativo a ella; tener conocimiento de obras de arte clásico o moderno, o ser una persona elocuente en público o privado. Todos estos aspectos son conocidos como “cultura” y aquel que practica cualquiera de esas virtudes, “es un hombre culto”.

En la perspectiva de la antropología el planteamiento es diferente, existe muchas teorías propuestas y al respecto debates interminables, por lo que tomaremos una definición sencilla y generalizadora que se aplique a nuestro enfoque. Entonces, “cultura” es, todo lo que es socialmente transmitido, incluyendo los modos de vida o patrones de conducta, sistema de valores, conocimientos, creaciones y expresiones artísticas, ideológicas, instituciones, realizaciones materiales, etc., entre ellas naturalmente las técnicas para dominar el medio; son los modos de vida peculiares de una sociedad, de un grupo, o de dos o más sociedades o grupos concretos, en una o en diferentes épocas, en uno o en diferentes lugares; también se refiere a formas especiales de comportamiento características de los diversos agregados, segmentos o estratos de una sociedad vasta y de organización compleja (Silva 1998: 195). En otras palabras, “cultura” es todo lo que crea el hombre ya sea material o inmaterial, para poder vivir en sociedad de manera organizada para adaptarse al medio ambiente, resolver sus problemas, satisfaciendo sus necesidades y sobre todo transmitir sus conocimientos de generación en generación. Al respecto, cabe mencionar la propuesta de Ralph Linton cuando dice que, «toda sociedad posee una cultura, por muy sencilla que sea y todo ser humano es culto en el sentido de que es portador de una u otra cultura» (Linton 1960: 44). Desde esta perspectiva antropológica, todo hombre que habita la tierra es “culto”, porque crea, tiene, posee o porta una u otra cultura.
           
            La UNESCO, propone también su propia definición: «La cultura es el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarcan, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias». En este sentido, el «“patrimonio cultural” no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, artes del espectáculo, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional»; todo lo que se conocía y conoce cotidianamente como folklore. Lo planteado por la UNESCO, se refiere a la cultura inmaterial e inmaterial.
           
Teniendo las ideas básicas de lo que es “cultura” y “patrimonio cultural”, daremos a conocer de manera sencilla sus categorizaciones. Debido a sus imprecisiones conceptuales, como ya advertimos líneas arriba, mostraremos con ejemplos para su fácil entendimiento. Debemos advertir que, la clasificación que realizaremos es totalmente arbitraria, porque el objetivo no es entrar en el debate y las discusiones confusas respecto al tema, sino facilitar su entendimiento. 
           
De acuerdo a la propuesta de la UNESCO, el patrimonio cultural puede ser clasificado en dos grandes sistemas: el Tangible y el Intangible.
           
El “Patrimonio Cultural Tangible”, es la manifestación de las culturas a través de realizaciones cuya materialidad se sostiene en el tiempo. Esta definición está relacionada directamente con la idea de “patrimonio cultural material”, es decir, “cultura material”. A su vez, el Patrimonio Tangible puede ser dividido en Mueble e Inmueble.  El “Patrimonio Tangible Inmueble”, está constituido por edificios, obras de ingeniería, sitios arqueológicos que poseen especial interés o que atesoran valores históricos, arquitectónicos, artísticos, tecnológicos, ambientales, reconocidos o registrados como tales, cuya característica es el inseparable arraigo al terreno, ya por la envergadura de su porte, o por el carácter que las une indisolublemente con el entorno. El “Patrimonio Tangible mueble”, considerado como todo aquello fácilmente trasportable, está representado por obras que pueden ser trasladadas de un lugar a otro, por ejemplo, las vajillas, las joyas, los utensilios de cocina, los aperos, las chakitaqllas, los instrumentos de labranza en general, que se hayan heredado y sean móviles.

            El “Patrimonio Cultural Intangible”, está relacionado a la idea de patrimonio cultural inmaterial. Por lo tanto, el “patrimonio cultural inmaterial” es tradicional, contemporáneo y viviente a un mismo tiempo, quiere decir que, no solo incluye tradiciones heredadas del pasado, sino también usos (ejercicios y prácticas) rurales y urbanos contemporáneos característicos de diversos grupos culturales; es integrador,  porque contribuye a la cohesión social fomentando un sentimiento de identidad y responsabilidad que ayuda a los individuos a sentirse miembros de una o varias comunidades y de la sociedad en general; es representativo, porque se valora de acuerdo a como los conocimientos de las tradiciones, técnicas y costumbres se transmiten al resto de la comunidad, de generación en generación, o también a otras comunidades y; está basado en la comunidad, porque solo puede ser reconocido por las comunidades, grupos o individuos que lo crean, mantienen y transmiten. Sin este reconocimiento, nadie puede decidir por ellos que una expresión o un uso determinado forman parte de su patrimonio. En términos más sencillos, se dice que es aquello que no podemos tocar o guardar físicamente, pero que se encuentra presente en el nivel moral o espiritual de las sociedades. Se expresa por medio del idioma, de la educación recibida en el espacio doméstico o por la instrucción de los centros de enseñanza. Por ejemplo, las costumbres, la gastronomía, las tradiciones y leyendas, la música y danzas, entre otros.
           
Lo señalado es una síntesis de todo un proceso de debates y convenciones de los conceptos de patrimonio cultural en sus dos categorizaciones más generales. Además, que clasifican dicho patrimonio de acuerdo a las características geográficas o aspectos socioculturales. Estos se clasifican en patrimonio histórico, patrimonio arqueológico, patrimonio documental, patrimonio industrial, patrimonio cultural subacuático, patrimonio cultural artístico, patrimonio gastronómico y otros. Como podemos contemplar la diversidad del patrimonio cultural y sus múltiples expresiones, nos crea opciones para poder explotarlos en todos los sentidos.
           
Efectivamente, el patrimonio cultural en todas sus expresiones y diversificación resulta ser un recurso para la sociedad. En este sentido, el patrimonio no sólo se hereda sino, constituye un recurso cultural, social y económico, y de acuerdo a sus características especiales de gran contenido histórico y significativo, debe ser puesto en valor, siempre bajo principios basados en el respeto de sus características, es decir, mantener su autenticidad.

            El patrimonio cultural asumido especialmente como un recurso con potencial económico, se debe mejorarlo, incrementarlo y publicitarlo por lo que es fundamental la adecuada administración por parte del Estado, las instituciones públicas y privadas. Y, asumido como recurso social, se debe tratarlo como parte de la historia para fortalecer la identidad de los ciudadanos, esto compete especialmente al sector educativo. En ambos casos se debe tomar en cuenta la responsabilidad de protegerlo, debido a que el patrimonio cultural material e inmaterial es sumamente frágil y están expuestos a una serie de peligros y amenazas, no solo naturales, sino por las propias acciones humanas.

Ya que el patrimonio cultural es asumido como recurso con potencial económico, la manera más indicada de explotarlo es, ofrecerlo al mercado turístico. Además, este mercado tiene diversidad de estrategias, promociones y ofertas de acuerdo a los intereses de los clientes (turistas), por lo cual existe una gama de posibilidades de elegir paquetes turísticos como el turismo cultural, ecológico, recreacional, de aventura y muchos más. En este caso nos centraremos en el “turismo cultural”, porque está relacionado a la oferta del patrimonio cultural. En este sentido, reafirmamos lo mencionado en la parte introductoria, de que el patrimonio cultural como recurso económico es ofrecido al mercado turístico, como oferta de la cultura o venta de la cultura.

Ahora lo importante es establecer la relación entre el patrimonio cultural y el turismo. Para esto en primer lugar, daremos un alcance breve de lo que entendemos por turista y turismo. En segundo lugar, trataremos del turismo cultural y sus objetivos. Todo ello nos permitirá establecer la relación con el patrimonio cultural.

Bien es cierto que, el fenómeno del turismo en el plano académico también ha tenido debates interminables hasta la actualidad. Además, que ha sido estudiado por muchas disciplinas como los señala A. Otamendi, «como fenómeno sociocultural, industria, o desplazamiento de personas, el turismo fue tomado como objeto de estudio de varias disciplinas tales como la sociología, la economía, la geografía, la antropología, la comunicación social, entre otras» (Otamendi 2009: 194). Debido a esto se difunde una gran cantidad de conceptos, definiciones y aplicaciones desde varios puntos de vista que generan los debates, por esta razón, daremos a conocer de manera precisa y entendible algunas concepciones.

Uno de los primeros alcances lo tomaremos desde la antropología, según V. Smith en el que infiere que: «el turismo es difícil de definir porque los viajeros de negocios y los que asisten a asambleas y congresos pueden aprovechar estos viajes para dedicarse a actividades de tipo turístico; en general, puede decirse que el turista es una persona que tiene tiempo libre en un momento determinado y lo utiliza para visitar voluntariamente algún lugar alejado de su lugar de residencia con el objeto de cambiar de ambiente» (Smith 1989: 15). Este planteamiento señala que, cualquier persona puede viajar por muchos motivos y si tiene tiempo disponible lo puede emplear en algunas actividades recreacionales o turísticas. También se puede notar las ideas de tiempo libre, ocio y otro ambiente fuera del lugar de residencia, como característica fundamental de la actividad turística. Además, el turismo tal y como lo entendemos hoy, dice A. Santana «tiene su origen en la curiosidad, el esnobismo, la enfermedad y la búsqueda de climas diferentes (no siempre benignos), pero logra establecerse cuando unas personas emprendedoras comienzan a cobrar por prestar servicio que no sólo facilita el desplazamiento, sino que, además, lo decora con actividades concretas» (Santana 1997: 20). Lo que quiere decir que, los estímulos o motivaciones de las personas no son la única razón del turismo, sino que se necesita de los agentes que ofertan dichos servicios, para que este mercado tenga la dinámica que lo caracteriza.

Una de las definiciones que propone la Organización Mundial del Turismo (OMT) en 1994, plantea lo siguiente: «El turismo comprende las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias en lugares distintos al de su entorno habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año con fines de ocio, por negocios y otros» (Sancho 1998: 46). Esta definición no es precisamente generalizadora, además que existen debates al respecto y trataremos de no entrar en ello. También se contemplan que existen términos claves que siempre han estado relacionados: el ocio (tiempo libre para el descanso), la recreación (momento de relajación o entretenimiento) y el viaje (pasar un tiempo fuera del lugar de residencia), como parte esencial del turismo, pero no son los únicos motivos para realizar “viajes”, existen muchos otros como negocios, conferencias, tratamientos médicos, creencias religiosas, eventos deportivos, estudio y visitas a familiares y amigos, muchos más. Todas estas posibles razones están consideradas dentro de la definición de turismo de la OMT.

Lo que caracteriza al turismo son las decisiones o elecciones que toma el cliente de la diversidad de paquetes turísticos ofrecidos por dicho mercado, asimismo, el destino fuera del lugar de residencia por un cierto tiempo, por lo que estará frente a otra cultura diferente a la suya. Entonces, de acuerdo a Greg Richards «todas las actividades turísticas incluyen algún elemento cultural, sea la visita de un sitio o acontecimiento específicamente cultural o simplemente empaparse del “ambiente” de un destino turístico desde la terraza de un café, existe la tentación de ver todo el turismo como “turismo cultural”». Además, «no todo el consumo cultural de los turistas viene por motivaciones culturales: muchos viajes a acontecimientos culturales o lugares de interés cultural tienen la cultura como segundo objetivo» (Richards 2004: 1). Lo que Richards manifiesta es que cuando una persona va a visitar otro espacio ajeno a su realidad, prácticamente se encuentra frente a otra cultura, a pesar que los motivos del viaje no sea precisamente hacer turismo o específicamente turismo cultural.

A partir de aquí, estableceremos algunas ideas y propuestas referidas al turismo cultural, cuyo objetivo es observar y conocer los monumentos históricos, expresiones artísticas, tecnológicas, etc., también el modo de vida y las expresiones de culturas tradicionales, consideradas como exóticas.

El turismo cultural, en términos de Smith «abarca lo “pintoresco” o el “color local”, los vestigios de una vida en proceso de extinción que permanece en la memoria humana con sus casas “anticuadas” sus tejidos artesanales, sus carros, carretas arados tirados por caballos o bueyes, y sus artesanías y trabajos manuales ajenos a todas las técnicas industriales. Entre las actividades de este tipo de turismo suelen incluirse las comidas en posadas rústicas, espectáculos folclóricos, los festivales vinícolas con atavíos típicos u los rodeos que recuerden al lejano oeste» (Smith 1989: 21). Lo mencionado por Smith, está referido a los turistas que visitan sociedades tradicionales, con culturas conocidas como “popular”, como único aspecto del turismo cultural.

A esto se suma la idea de la alta cultura, monumentos y sitios históricos como el objetivo de un turista que opta por el turismo cultural, es decir, la finalidad del turista es visitar otras sociedades consideradas como alta cultura o culturas clásicas y también la cultura popular, con el objeto de conocer y aprender todo lo que pueda en ese corto tiempo. Según N. Fuller el turismo cultural tiene como objetivo «el conocimiento de los monumentos y sitios históricos-artísticos, y de las manifestaciones inmateriales como conocimientos tradicionales, estilos de vida, tradiciones, etc. los que los practican buscan informarse lo mejor posible sobre su destino y, una vez en él, lo observan y lo fotografían mientras participan de sus comidas, de sus fiestas populares y de otras actividades de esta índole» (Fuller 2009: 39). Lo propuesto por Fuller, como mencionamos anteriormente, el conocer, aprender y registrar los lugares y monumentos históricos, artes clásicas y modernas, o cualquier manifestación cultural de una sociedad tradicional, son los principales objetivos de los turistas que prefieren el turismo cultural.

Al respecto, Richards considera que «el turismo cultural son “esas motivaciones culturales” que tienen las personas para poder realizar un viaje, con esto quiere decir que la motivación más importante es “aprender cosas nuevas”», también señala que «la cultura parece tener un papel importante en la satisfacción que la gente consigue al viajar, lo cual no es sorprendente si tenemos en cuenta que “explorar otras culturas” fue la motivación más importante» (Richards 2004: 5). Es decir, para muchas de las personas que prefieren el turismo cultural, su deseo de conocer y aprender de otras culturas son sus motivaciones principales. Continuando con Richards, acota que «en la actualidad cabe mencionar que muchas personas se han convertido en “omnívoros culturales” que combinan la “alta” cultura tradicional (como museos, ópera y galerías de arte) con la cultura “popular” (como la música pop, el deporte y los parques temáticos)» (Richards 2004: 13). La propuesta nos da a entender, que la necesidad y el deseo de aprender en ciertas personas, son los estímulos más importantes que cualquier otro tipo de diversión, por lo cual eligen este tipo de paquete turístico. A nuestro parecer las propuestas de Richards son las más modernas y coherentes, respecto a lo que se debe entender el “turismo cultural”.

Ahora lo importante, es establecer las relaciones existentes entre patrimonio cultural y turismo cultural de manera precisa y sencilla, por lo que conviene relacionarlo también con la cultura o mejor dicho con la venta de la cultura.  

M. Barreto señala que, «el turismo puede ser un medio eficaz para la preservación del patrimonio» (Barreto 2007: 57-58), dicha propuesta tiene un tono limitante, debido a que el turismo “podría” ser el factor que induzca a la protección del patrimonio cultural, de hecho que, su promoción y oferta al mercado turístico producen dichas políticas de protección y conservación, pero se debe tomar en cuenta que, el patrimonio cultural sufre deterioro por factores climáticos y acciones humanas. Especialmente la frecuente presencia de personas (turistas) son las que causa mayor daño, si es que no se establecen normas adecuadas para la protección.

En esta misma lógica, para H. Dogan «El turismo contribuye a la revitalización de las culturas tradicionales, porque la necesidad de preservar, mostrar y adornar y potenciar los recursos culturales, sólo surge cuando existe la oportunidad de mostrar esos recursos a los otros» (Dogan 1989: 223, en Barreto 2007: 132). Lo señalado por Dogan quiere decir que, el turismo es el ente que incentiva a los pobladores de las sociedades tradicionales a crear políticas de conservación, decoración, publicidad y potencializar económicamente los recursos culturales, es decir, ofertar los patrimonios culturales al mercado turístico, para que generen divisas a la población local, claro está que se refiere al aspecto económico.

Asimismo, N. Salazar refiere que, «El turismo se legitima parcialmente por sus demandas de conservación de las tradiciones y preservación de las culturas, especialmente en sociedades cuyas identidades culturales reflejan una historia de larga data, ininterrumpida y una sólida continuidad» (Salazar 2006:109). Prácticamente la propuesta confirma las posturas anteriores, donde el turismo es el motor que genera todo este proceso de gestión, protección, promoción y conservación del patrimonio cultural, pero como dice de manera parcial, porque la masificación de turistas también va generar el deterioro.

Muchos se refieren al turismo cultural como el reencuentro con el pasado, de modo que podemos decir, es el reencuentro con nuestro patrimonio cultural. Tal es la motivación en muchas personas o el deseo de conocer no solo su patrimonio, sino, otros patrimonios culturales, por lo cual debemos tomarlo en cuenta como un indicador, para adquirir nociones y conciencia de la protección, conservación, información y publicidad adecuada de nuestro patrimonio cultural, no solo como recurso económico, sino también como recurso social. Además, tomando en cuenta su sostenibilidad, en el sentido de un imperativo moral cuya función es la de guiar las acciones humanas en aras de garantizar la conservación de los recursos para futuras generaciones, es decir, debemos conservar nuestro patrimonio tal y como está para que puedan gozar de él las futuras generaciones.

A manera de conclusión, cabe recalcar que para entender el patrimonio cultural es necesario conocer el origen de dicho término y el proceso histórico que llevó tomar conciencia de ello, luego, considerar las propuestas de las instituciones mundiales y concepciones particulares respecto al patrimonio en sus definiciones y clasificaciones, para poder generar el debate, y poder tener nuestras propias propuestas; finalmente, debemos  tener clara la idea de que el patrimonio cultural es siempre un recurso económico, que es ofrecido al mercado turístico, y un recurso social para la Nación que la posea, el cual debe coadyuvar a forjar la identidad de las naciones, en ambos casos conviene protegerlo y conservarlo, es decir debe ser sostenible.

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