miércoles, 7 de noviembre de 2018


LA MIRADA AL TURISTA*
(Ensayo)

Por: Hugo Benny Elguera Mansilla

El presente ensayo es un tema antropológico que tiene por objetivo dar a conocer la percepción e interpretación del comunero andino de la imagen corpórea del turista. Dentro de esta percepción, obviamente, se toma en cuenta la categorización y adjetivación que realiza el comunero de la imagen corpórea del turista en la Comunidad de Patacancha, Ollantaytambo, Cusco.

Cusco, considerado como principal destino turístico en el Perú y uno de los más importantes del mundo, ofrece toda una riqueza cultural y paisajística que invita a muchos turistas de todo el orbe a visitarlo. Muchos de ellos llegan mediante las agencias de viajes y la mayoría pertenecen al tipo de turista conocido como “turismo de masas”. De acuerdo con Smith, «los turistas de masas organizados constituyen la afluencia continua de visitantes…El turismo de masas depende de los ingresos y de los valores de la clase media; tiene un elevado impacto debido a la enormidad de los números que se barajan» (Smith 1989: 34). Para el caso peruano, Fuller indica que «los turistas de masas organizados se relacionarán mínimamente con la localidad visitada, y el contacto intercultural entre visitantes y anfitriones será mínimo porque permanecerán dentro de la burbuja ambiental o familiar creada por la agencia que organiza el viaje» (Fuller 2009: 50-51). Debido a la constante presencia de los turistas en Cusco y en especial en el sector rural, genera un contacto directo y continuo entre habitantes de las comunidades indígenas y los extranjeros.

En este contacto directo y continuo entre comuneros y visitantes ocurren tres fenómenos en el proceso cognitivo de los receptores: en primer lugar, la percepción; en segundo lugar, la interpretación; y en tercer lugar, la categorización y adjetivación simultáneamente.

La percepción viene a ser el acto de observar, vale decir la observación que realiza el comunero andino de la imagen corpórea del turista. La primera operación que realiza un comunero es una descripción de los aspectos fenotípicos del visitante: el color y forma del cabello y de la piel; el color y forma de los ojos; la estatura y el grosor del cuerpo, como también el ropaje y los objetos que llevan consigo, es decir, toda la imagen corpórea. Los turistas que se desplazan de un lugar a otro tienen cuerpos abultados, frágiles, añosos, con género y raza (Urry 2004: 164). Los turistas son personas y al mismo tiempo son objetos sociales fuera de objeto físico. Porque tiene cierto número de características que no poseen otros objetos físicos (Jones y Gerard 1980: 273). Por consiguiente, el turista está sujeto a ser percibido, descrito, clasificado y adjetivado, vale decir, es estudiado. 

Por lo tanto, el turista constituye un estímulo social “externo”, ya que su sola presencia genera impresiones, emociones, sensaciones, curiosidades y una serie de ideas. Así el comunero internaliza toda esta nueva experiencia a su realidad y saber; sin lugar a dudas, si el contacto es continuo. Consecuentemente a esta percepción, la interpretación de toda esta imagen será un aspecto importante para entender dicho proceso.

La interpretación es el acto de razonar, conceptualizar y explicar el sentido de la imagen del turista como lo que efectúa el comunero andino.  Es aquí donde comienza a conceptualizar todas esas ideas, impresiones, emociones, sensaciones, curiosidades. La interpretación se realiza de acuerdo al entorno cultural. Es decir, realizan un proceso cognitivo al decodificar todo lo percibido para internalizarlo en su memoria. Así permitirá construir a un comunero sus propias categorías y poder explicar está nueva realidad y adaptarse a ella.

Al interpretar el comunero define al turista, por ejemplo, para uno de ellos: “un turista es una persona visitante, es como nosotros; pero llega de otra nación, habla otro idioma, tiene otros conocimientos, otras costumbres, viste y se alimenta diferente; no trabaja como nosotros y sobre todo tienen poder económico”. Esta definición nos facilitará el entendimiento sobre el turista.

De manera simultánea, la categorizan y adjetivan para describir y diferenciar las características fenotípicas de los turistas que frecuentan la comunidad. Al respecto, Leach menciona que: «nuestra percepción interna del mundo circundante está muy influenciada por las categorías verbales que empleamos para describirlo. Empleamos el lenguaje para fragmentar el continua visual en objetos significativos, también para reagrupar los elementos componentes, para interrelacionar las cosas y las personas entre si» (Leach 1985: 45). Lo que Leach nos dice, es lo que el comunero hace, observar y describir y darle una categoría verbal; el comunero sabe examinar con detalle cada elemento, luego lo interrelacionará para darle un sentido global de lo que observó.

En este caso, debemos entender por categorización a la clasificación o taxonomización que tienen los comuneros de la imagen del turista. Y la adjetivación se refiere a la terminología utilizada por el comunero para designar los aspectos físicos del turista. En este proceso es que efectúa comparaciones con todos los elementos culturales y naturales que tiene a disposición, así logra ordenar y explicar las nuevas imágenes que observa.

Así mismo, en la terminología utilizada para la taxonomización, se puede comprobar que realizan comparaciones con todos los elementos culturales y naturales que los rodea, además de esto, utilizan algunos adjetivos que provienen de la zona urbana. Para Lévi-Strauss, la taxonomía indígena es a menudo lo suficientemente precisa y desprovista de equívoco para permitir algunas identificaciones (Lévi-Strauss 1964: 67). Quiere decir que el comunero debe ser preciso en lo que clasifica y adjetiva para poder internalizar y comprender las nuevas imágenes que observa.

La presencia del turista genera en el comunero, el proceso de la percepción, interpretación, categorización y adjetivación de su imagen corpórea, debido a que constituye un estímulo social externo. En otros términos, a los ojos del receptor es un ser exótico. El turista genera un impacto visual en el comunero, este lo decodifica de acuerdo a la cultura del que procede el extranjero.
Si consideramos la propuesta de Segalen sobre lo exótico: «como todo aquello que es exterior al observador» (Segalen 2005: 367) vale decir, fuera de su cultura y tomando este criterio en toda su extensión y no sólo reduciéndola al criterio occidental, que ve lo exótico en lo no occidental. Si no que esta definición, podemos utilizarla no solo para referirse a los objetos, sujetos o culturas, sino para ver una visión más global de la percepción sobre lo exótico. Pero, aún más, es ver desde el punto de vista del comunero, “lo exótico que ve en el turista”.

Sin embargo, debemos agregar que la costumbre de bromear está asociada a la costumbre de evitar a los extraños o evitar lo exótico. Ya que el turista es un ente externo, extraño y por ende exótico para la sociedad andina, por eso es sujeto de burla. Se produce la burla por parte de los anfitriones, y claro está, que el turista no entenderá por la simple razón, que no habla el idioma nativo y por supuesto no causará   ningún efecto.

Radcliffe-Brown hace referencia sobre las “relaciones burlescas”. Según el, en la relación entre dos personas, en la cual a una se le permite por costumbre embromar o hacer burla de la otra, el burlado no entenderá y por consiguiente no podrá darse por ofendida. También, distingue dos variantes importantes en este aspecto, en una la relación es simétrica y en la otra es asimétrica (Radcliffe-Brown 1974: 107).

Para Radcliffe-Brown en las sociedades africanas, la relación burlesca es una forma especial de alianza donde se efectúan intercambios y servicios. También la broma logra mitigar los conflictos (límites y respeto). Así muestra que mofarse o burlarse de otras personas es una forma de comportamiento de cualquier sociedad humana. «Tiende a darse en determinadas situaciones sociales» (Radcliffe-Brown 1974: 119-122). Por consiguiente, este mismo caso, podemos ver, que al contacto e interacción entre el comunero andino y el turista es una determinada situación social, en la que se efectúan las relaciones burlescas.   

En la interacción entre comunero y turista no existe ningún tipo de intercambio, ni servicio, porque es sólo una interrelación momentánea entre los dos actores. Sin embargo, sólo se produce una relación burlesca en la que no se mitiga conflictos ya que son personas que no conviven y ni comparten la misma área geográfica. Tampoco existe una forma de alianza, debido a la inexistencia de una interacción social estable entre el comunero y turista, porque este último, sólo está de paso.

La relación burlesca del receptor como un modo de entender el fenómeno social, sólo se establecerá para poder comprender y conocer al nuevo individuo que quiere insertarse en su cosmovisión; esta relación facilitará al receptor entender y asimilar el nuevo fenómeno social. La relación burlesca que se establece en la interacción es de tipo asimétrico, dado que el turista no se da por ofendido, porque no entiende lo que le dicen, ni se da por enterado, y si se diera el caso de entender posiblemente acepta la broma de buen humor, sin tomar represalias.

Los comuneros de Patacancha utilizan cuatro categorías fenotípicas de los turistas que los visitan: i) turistas blancos ii) turistas negros iii) turistas chinos (que vienen del Japón) y iv) los que son como nosotros, turistas nacionales, no tienen adjetivación alguna.

Según el color de la piel: a los turistas caucásicos o descendencia nórdica  que tienen la tez blanca lo denominan “q’aras” (pelado o calato) quiere decir, de cuello pelado, largo y colorado; y a los morenos “yana aycha” (carne negra), “yana runa” (persona negra), “yana machus” quiere decir “viejo negro” (utilizando este término los comparan con las locomotoras que existían en el ferrocarril) y “yana ch’unchi” (este último término viene a ser el nombre de una variedad de papa nativa, de cáscara negra).

Respecto a los ojos: a los caucásicos de ojos claros, plomos, verdosos o azulados los llaman “q’osi ñawis” quiere decir de ojos claros; a otros les dicen “lata ñawis” (ojos de lata o brillantes); en cambio a los morenos los denominan “alka ñawis”, por ser solo de ojos blanco y negro; y a los orientales, les dicen “siphu ñawis” que quiere decir ojo pequeño, estirado, casi cerrado, o “ch’uka ñawis”, porque dicen que sus ojos se están cerrando.

Ahora bien, veremos de acuerdo al color y forma del cabello: a los caucásicos les dicen “ch’umpi chuqcha” (marron); “paq’o chuqcha” (rubio); “q’ello chuqcha” (amarillento); “ch’allapa chuqcha” (chascoso); “soqó chuqcha” (canoso); a los morenos les dicen “yana chuqcha” (negro) y “ch’achara” (como las plumas crecidas en sentido contrario de la gallina) o “q’upa chuqcha” (crespo y enredado); también les dicen “soqo chuqcha” (si son canosos); y a los orientales los relacionan con los caucásicos.

Los patacanchinos para burlarse de los turistas los comparan con el comportamiento de ciertos animales que viven en su medio. Esta comparación es  al aspecto y habilidad física u otro defecto que poseen ellos y pueda repararse. Seguidamente mencionaremos algunas burlas, que hacen relacionados a los defectos que tienen los turistas:

A los de ojos claros, plomos, verdosos o azulados que poseen la mayoría de los turistas caucásicos, se burlan utilizando la palabra “q’osi ñawis”, porque los gringos se parecen a las llamas que tienen este tipo de ojos, que en los días soleados y calurosos son ciegas y caminan torpemente, es decir, como si fuesen “zonzos al andar”. También se burlan de la capacidad de resistencia física y del dolor del turista, lo que manifiestan diciendo: “los gringos no caminan rápido, en las subidas se cansan, son mal tragados, solo les gusta caminar en carro y si se hacen una simple herida, se pueden morir, son llorones”. Cuando les escuchan hablar a los gringos dicen: ¿que estarán hablando esos zonzos?, están hablando por gusto (t’autiyshanku), parecen loros”. A la forma del cabello crespo y horquillado que algunos turistas poseen les dicen: que tiene su pelo como el trasero del perro”. A los orientales les dicen que tienen los ojos como el maíz reventado (mot’e). Los bigotones y barbones no escapan a la burla, especialmente a los que tienen mostachos les dicen que se parecen a los cuyes que llevan en su hocico algún tipo de pasto (achurusqa). A los barbones los comparan con la vagina de la mujer. De manera similar a los calvos los comparan con el pene humano.  Finalmente, los gorditos son los que llevan la parte más grotesca de la burla, son tildados como un paquete “lleno de excremento humano”.

A manera de concluir, la percepción de la imagen corpórea del turista provoca el asombro en los patacanchinos, donde estos van a generar todo una serie de ideas, impresiones, emociones, sensaciones y curiosidades, que son interpretados de acuerdo a la cultura que provienen los extranjeros.

La interpretación de dichas imágenes lo han taxonomizado para, de esa manera asimilar y convertir lo nuevo o exótico en algo conocido, es decir, es la internalización de la idea y su conceptualización para su entendimiento. Sabemos que la categorización y adjetivación es inherente al ser humano, procesos que se realizan para poder dar un orden a ese conocimiento adquirido.

La diversidad fenotípica del humano es percibida detalladamente, interpretada objetivamente para darle un sentido, dándole categorías verbales, clasificándolos de acuerdo al espacio cultural del que proceden. El andino ordena ese mundo externo y lo incorpora a su visión, para de esa manera asimilar el fenómeno social y poder resolver cualquier problema que pueda existir.

Con todo lo mencionado anteriormente, podemos observar que el habitante patacanchino tiene muchas maneras de interpretar la imagen corpórea del turista. Así pues, solo resta mencionar que existen muchas formas de analizar este fenómeno social. Lo que hemos escrito en este ensayo, es solo un pequeño adelanto de algo más complejo. 

BIBLIOGRAFÍA

Fuller, Norma.
2009      Turismo y Cultura; Entre el entusiasmo y el recelo. Fondo editorial de la PUCP. Perú
Jones, E. Edwar y Gerard, B. Harold.
1980      Fundamentos de Psicología Social. Editorial Limusa, México.
Leach, Edmund
1985      Cultura y Comunicación; La lógica de la conexión de los símbolos. Siglo Veintiuno editores, España.
Lévi-Strauss, Claude.
1964      El pensamiento salvaje. Fondo de cultura económica, México.
Radcliffe-Brown, A. R. 
1974.      Estructura y Función en la sociedad primitiva. Ediciones Península, Barcelona.
Santana, Agustín.
1997      Antropología y turismo; Nuevas hordas y viejas costumbres. Editorial Ariel, España.
Segalen, V.
2005       “Redefinición del exotismo”. En, Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros; Una reflexión sobre la diversidad humana. Siglo veintiuno editores, México.
Smith, Valene.
1989      Anfitriones e Invitados. La Antropología del Turismo. Ediciones Endymion, Madrid.
Urry, John.
2004      La mirada del turista. Escuela profesional de turismo y hotelería. Universidad San Martín de Porres, Perú.






* Este ensayo fue publicado en la Revista “El Antoniano” Tomo 20, N° 116 - III trimestre, Año 2010. Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco.

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