LA MIRADA AL TURISTA*
(Ensayo)
Por: Hugo Benny Elguera Mansilla
El presente ensayo es un tema
antropológico que tiene por objetivo dar a conocer la percepción e
interpretación del comunero andino de la imagen corpórea del turista. Dentro de
esta percepción, obviamente, se toma en cuenta la categorización y adjetivación
que realiza el comunero de la imagen corpórea del turista en la Comunidad de Patacancha,
Ollantaytambo, Cusco.
Cusco,
considerado como principal destino turístico en el Perú y uno de los más
importantes del mundo, ofrece toda una riqueza cultural y paisajística que
invita a muchos turistas de todo el orbe a visitarlo. Muchos de ellos llegan
mediante las agencias de viajes y la mayoría pertenecen al tipo de turista
conocido como “turismo de masas”. De acuerdo con Smith, «los turistas de masas
organizados constituyen la afluencia continua de visitantes…El turismo de masas
depende de los ingresos y de los valores de la clase media; tiene un elevado
impacto debido a la enormidad de los números que se barajan» (Smith 1989: 34). Para
el caso peruano, Fuller indica que «los turistas de masas organizados se
relacionarán mínimamente con la localidad visitada, y el contacto intercultural
entre visitantes y anfitriones será mínimo porque permanecerán dentro de la
burbuja ambiental o familiar creada por la agencia que organiza el viaje» (Fuller
2009: 50-51). Debido a la constante presencia de los turistas en Cusco y en especial
en el sector rural, genera un contacto directo y continuo entre habitantes de
las comunidades indígenas y los extranjeros.
En
este contacto directo y continuo entre comuneros y visitantes ocurren tres
fenómenos en el proceso cognitivo de los receptores: en primer lugar, la
percepción; en segundo lugar, la interpretación; y en tercer lugar, la categorización
y adjetivación simultáneamente.
La
percepción viene a ser el acto de observar, vale decir la observación que
realiza el comunero andino de la imagen corpórea del turista. La primera
operación que realiza un comunero es una descripción de los aspectos
fenotípicos del visitante: el color y forma del cabello y de la piel; el color y forma de los ojos; la estatura y el grosor
del cuerpo, como también el ropaje y los objetos que llevan consigo, es decir, toda
la imagen corpórea. Los turistas que se desplazan de un lugar a otro tienen
cuerpos abultados, frágiles, añosos, con género y raza (Urry 2004: 164). Los
turistas son personas y al mismo tiempo son objetos sociales fuera de objeto
físico. Porque tiene cierto número de características que no poseen otros objetos
físicos (Jones y Gerard 1980: 273). Por consiguiente, el turista está sujeto a
ser percibido, descrito, clasificado y adjetivado, vale decir, es estudiado.
Por
lo tanto, el turista constituye un estímulo social “externo”, ya que su sola
presencia genera impresiones, emociones, sensaciones, curiosidades y una serie
de ideas. Así el comunero internaliza toda esta nueva experiencia a su realidad
y saber; sin lugar a dudas, si el contacto es continuo. Consecuentemente a esta
percepción, la interpretación de toda esta imagen será un aspecto importante
para entender dicho proceso.
La
interpretación es el acto de razonar, conceptualizar y explicar el sentido de
la imagen del turista como lo que efectúa el comunero andino. Es aquí donde comienza a conceptualizar todas
esas ideas, impresiones, emociones, sensaciones, curiosidades. La
interpretación se realiza de acuerdo al entorno cultural. Es decir, realizan un
proceso cognitivo al decodificar todo lo percibido para internalizarlo en su
memoria. Así permitirá construir a un comunero sus propias categorías y poder
explicar está nueva realidad y adaptarse a ella.
Al
interpretar el comunero define al turista, por ejemplo, para uno de ellos: “un
turista es una persona visitante, es como nosotros; pero llega de otra nación, habla
otro idioma, tiene otros conocimientos, otras costumbres, viste y se alimenta
diferente; no trabaja como nosotros y sobre todo tienen poder económico”. Esta definición
nos facilitará el entendimiento sobre el turista.
De
manera simultánea, la categorizan y adjetivan para describir y diferenciar las
características fenotípicas de los turistas que frecuentan la comunidad. Al
respecto, Leach menciona que: «nuestra percepción interna del mundo circundante
está muy influenciada por las categorías verbales que empleamos para
describirlo. Empleamos el lenguaje para fragmentar el continua visual en
objetos significativos, también para reagrupar los elementos componentes, para
interrelacionar las cosas y las personas entre si» (Leach 1985: 45). Lo que
Leach nos dice, es lo que el comunero hace, observar y describir y darle una
categoría verbal; el comunero sabe examinar con detalle cada elemento, luego lo
interrelacionará para darle un sentido global de lo que observó.
En
este caso, debemos entender por categorización a la clasificación o
taxonomización que tienen los comuneros de la imagen del turista. Y la
adjetivación se refiere a la terminología utilizada por el comunero para
designar los aspectos físicos del turista. En este proceso es que efectúa comparaciones
con todos los elementos culturales y naturales que tiene a disposición, así logra
ordenar y explicar las nuevas imágenes que observa.
Así
mismo, en la terminología utilizada para la taxonomización, se puede comprobar
que realizan comparaciones con todos los elementos culturales y naturales que
los rodea, además de esto, utilizan algunos adjetivos que provienen de la zona
urbana. Para Lévi-Strauss, la taxonomía indígena es a menudo lo suficientemente
precisa y desprovista de equívoco para permitir algunas identificaciones (Lévi-Strauss
1964: 67). Quiere decir que el comunero debe ser preciso en lo que clasifica y
adjetiva para poder internalizar y comprender las nuevas imágenes que observa.
La
presencia del turista genera en el comunero, el proceso de la percepción,
interpretación, categorización y adjetivación de su imagen corpórea, debido a
que constituye un estímulo social externo. En otros términos, a los ojos del
receptor es un ser exótico. El turista genera un impacto visual en el comunero,
este lo decodifica de acuerdo a la cultura del que procede el extranjero.
Si
consideramos la propuesta de Segalen sobre lo exótico: «como todo aquello que
es exterior al observador» (Segalen 2005: 367) vale decir, fuera de su cultura
y tomando este criterio en toda su extensión y no sólo reduciéndola al criterio
occidental, que ve lo exótico en lo no occidental. Si no que esta definición,
podemos utilizarla no solo para referirse a los objetos, sujetos o culturas, sino para ver una
visión más global de la percepción sobre lo exótico. Pero, aún más, es ver
desde el punto de vista del comunero, “lo exótico que ve en el turista”.
Sin
embargo, debemos agregar que la costumbre de bromear está asociada a la
costumbre de evitar a los extraños o evitar lo exótico. Ya que el turista es un
ente externo, extraño y por ende exótico para la sociedad andina, por eso es
sujeto de burla. Se produce la burla por parte de los anfitriones, y claro está,
que el turista no entenderá por la simple razón, que no habla el idioma nativo
y por supuesto no causará ningún efecto.
Radcliffe-Brown
hace referencia sobre las “relaciones burlescas”. Según el, en la relación
entre dos personas, en la cual a una se le permite por costumbre embromar o
hacer burla de la otra, el burlado no entenderá y por consiguiente no podrá darse
por ofendida. También, distingue dos variantes importantes en este aspecto, en
una la relación es simétrica y en la otra es asimétrica (Radcliffe-Brown 1974:
107).
Para
Radcliffe-Brown en las sociedades africanas, la relación burlesca es una forma
especial de alianza donde se efectúan intercambios y servicios. También la
broma logra mitigar los conflictos (límites y respeto). Así muestra que mofarse
o burlarse de otras personas es una forma de comportamiento de cualquier
sociedad humana. «Tiende a darse en determinadas situaciones sociales» (Radcliffe-Brown
1974: 119-122). Por consiguiente, este mismo caso, podemos ver, que al contacto
e interacción entre el comunero andino y el turista es una determinada situación
social, en la que se efectúan las relaciones burlescas.
En
la interacción entre comunero y turista no existe ningún tipo de intercambio,
ni servicio, porque es sólo una interrelación momentánea entre los dos actores.
Sin embargo, sólo se produce una relación burlesca en la que no se mitiga
conflictos ya que son personas que no conviven y ni comparten la misma área
geográfica. Tampoco existe una forma de alianza, debido a la inexistencia de una
interacción social estable entre el comunero y turista, porque este último, sólo
está de paso.
La
relación burlesca del receptor como un modo de entender el fenómeno social,
sólo se establecerá para poder comprender y conocer al nuevo individuo que quiere insertarse en su cosmovisión;
esta relación facilitará al receptor entender y asimilar el nuevo fenómeno
social. La relación burlesca que se establece en la interacción es de tipo
asimétrico, dado que el turista no se da por ofendido, porque no entiende lo
que le dicen, ni se da por enterado, y si se diera el caso de entender
posiblemente acepta la broma de buen humor, sin tomar represalias.
Los
comuneros de Patacancha utilizan cuatro categorías fenotípicas de los turistas
que los visitan: i) turistas blancos ii) turistas negros iii) turistas chinos
(que vienen del Japón) y iv) los que son como nosotros, turistas nacionales, no
tienen adjetivación alguna.
Según
el color de la piel: a los turistas caucásicos o descendencia nórdica que tienen la tez blanca lo denominan “q’aras”
(pelado o calato) quiere decir, de cuello pelado, largo y colorado; y a los
morenos “yana aycha” (carne negra), “yana runa” (persona negra), “yana machus”
quiere decir “viejo negro” (utilizando este término los comparan con las
locomotoras que existían en el ferrocarril) y “yana ch’unchi” (este último
término viene a ser el nombre de una variedad de papa nativa, de cáscara negra).
Respecto
a los ojos: a los caucásicos de ojos claros, plomos, verdosos o azulados los
llaman “q’osi ñawis” quiere decir de ojos claros; a otros les dicen “lata ñawis”
(ojos de lata o brillantes); en cambio a los morenos los denominan “alka ñawis”,
por ser solo de ojos blanco y negro; y a los orientales, les dicen “siphu ñawis”
que quiere decir ojo pequeño, estirado, casi cerrado, o “ch’uka ñawis”, porque
dicen que sus ojos se están cerrando.
Ahora
bien, veremos de acuerdo al color y forma del cabello: a los caucásicos les
dicen “ch’umpi chuqcha” (marron); “paq’o chuqcha” (rubio); “q’ello chuqcha”
(amarillento); “ch’allapa chuqcha” (chascoso); “soqó chuqcha” (canoso); a los
morenos les dicen “yana chuqcha” (negro) y “ch’achara” (como las plumas crecidas
en sentido contrario de la gallina) o “q’upa chuqcha” (crespo y enredado);
también les dicen “soqo chuqcha” (si son canosos); y a los orientales los
relacionan con los caucásicos.
Los
patacanchinos para burlarse de los turistas los comparan con el comportamiento
de ciertos animales que viven en su medio. Esta comparación es al aspecto y habilidad física u otro defecto
que poseen ellos y pueda repararse. Seguidamente mencionaremos algunas burlas, que
hacen relacionados a los defectos que tienen los turistas:
A
los de ojos claros, plomos, verdosos o azulados que poseen la mayoría de los
turistas caucásicos, se burlan utilizando la palabra “q’osi ñawis”, porque los
gringos se parecen a las llamas que tienen este tipo de ojos, que en los días soleados
y calurosos son ciegas y caminan torpemente, es decir, como si fuesen “zonzos
al andar”. También se burlan de la capacidad de resistencia física y del dolor del
turista, lo que manifiestan diciendo: “los gringos no caminan rápido, en las
subidas se cansan, son mal tragados, solo les gusta caminar en carro y si se
hacen una simple herida, se pueden morir, son llorones”. Cuando les escuchan
hablar a los gringos dicen: ¿que estarán hablando esos zonzos?, están hablando
por gusto (t’autiyshanku), parecen loros”. A la forma del cabello crespo y
horquillado que algunos turistas poseen les dicen: que tiene su pelo como el
trasero del perro”. A los orientales les dicen que tienen los ojos como el maíz
reventado (mot’e). Los bigotones y barbones no escapan a la burla,
especialmente a los que tienen mostachos les dicen que se parecen a los cuyes
que llevan en su hocico algún tipo de pasto (achurusqa). A los barbones los comparan
con la vagina de la mujer. De manera similar a los calvos los comparan con el
pene humano. Finalmente, los gorditos
son los que llevan la parte más grotesca de la burla, son tildados como un
paquete “lleno de excremento humano”.
A
manera de concluir, la percepción de la imagen corpórea del turista provoca el
asombro en los patacanchinos, donde estos van a generar todo una serie de ideas,
impresiones, emociones, sensaciones y curiosidades, que son interpretados de
acuerdo a la cultura que provienen los extranjeros.
La
interpretación de dichas imágenes lo han taxonomizado para, de esa manera
asimilar y convertir lo nuevo o exótico en algo conocido, es decir, es la
internalización de la idea y su conceptualización para su entendimiento. Sabemos
que la categorización y adjetivación es inherente al ser humano, procesos que
se realizan para poder dar un orden a ese conocimiento adquirido.
La
diversidad fenotípica del humano es percibida detalladamente, interpretada
objetivamente para darle un sentido, dándole categorías verbales, clasificándolos
de acuerdo al espacio cultural del que proceden. El andino ordena ese mundo
externo y lo incorpora a su visión, para de esa manera asimilar el fenómeno
social y poder resolver cualquier problema que pueda existir.
Con
todo lo mencionado anteriormente, podemos observar que el habitante
patacanchino tiene muchas maneras de interpretar la imagen corpórea del turista.
Así pues, solo resta mencionar que existen muchas formas de analizar este
fenómeno social. Lo que hemos escrito en este ensayo, es solo un pequeño
adelanto de algo más complejo.
BIBLIOGRAFÍA
Fuller, Norma.
2009 Turismo
y Cultura; Entre el entusiasmo y el recelo. Fondo editorial de la PUCP.
Perú
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1980 Fundamentos
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editores, España.
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1997
Antropología
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2005 “Redefinición del exotismo”. En, Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros; Una reflexión
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Smith, Valene.
1989 Anfitriones e Invitados. La Antropología del Turismo. Ediciones Endymion,
Madrid.
Urry,
John.
2004 La
mirada del turista. Escuela profesional de turismo y hotelería. Universidad
San Martín de Porres, Perú.
*
Este
ensayo fue publicado en la Revista “El Antoniano” Tomo 20, N° 116 - III
trimestre, Año 2010. Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco.
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